sábado 28 de enero de 2012

CHARLES DICKENS: 200 años de su natalicio


Charles Dickens

El próximo 7 de febrero se cumple el bicentenario del nacimiento del escritor inglés Charles Dickens y se celebrará con la reapertura de su casa.
Los 200 años del natalicio de Dickens han movilizado a Inglaterra con un gran número de actividades entre las que destacan programas culturales, homenajes y la reapertura de su casa museo.

También el Instituto de Cine Británico proyectará una retrospectiva del autor “Dickens en pantalla”.
En latitudes como España será lanzado el libro titulado “Dickens enamorado” un inédito que reúne la cartas entre el escritor y su enamorada María Beadnell, con quien tuvo un amor prohibido.

La reapertura de la casa-museo en Portsmouth, Inglaterra, será la cereza del pastel de los festejos.
En el ahora museo del autor de ‘David Copperfield’ se podrán observar decenas de fotografías de él y sus familiares, así como un busto de su padre John Dickens.

También se podrá conocer su dormitorio y una réplica de su escritorio donde relató algunas de sus novelas más famosas. La casa de Dickens será reabierta hoy 28 de enero para los visitantes.


Biografía:
(Portsmouth, Reino Unido, 1812-Gad's Hill, id., 1870) Escritor británico. En 1822, su familia se trasladó de Kent a Londres, y dos años más tarde su padre fue encarcelado por deudas. El futuro escritor entró a trabajar entonces en una fábrica de calzados, donde conoció las duras condiciones de vida de las clases más humildes, a cuya denuncia dedicó gran parte de su obra.
Autodidacta, si se excluyen los dos años y medio que pasó en una escuela privada, consiguió empleo como pasante de abogado en 1827, pero aspiraba ya a ser dramaturgo y periodista. Aprendió taquigrafía y, poco a poco, consiguió ganarse la vida con lo que escribía; empezó redactando crónicas de tribunales para acceder, más tarde, a un puesto de periodista parlamentario y, finalmente, bajo el seudónimo de Boz, publicó una serie de artículos inspirados en la vida cotidiana de Londres (Esbozos por Boz).
El mismo año, casó con Catherine Hogarth, hija del director del Morning Chronicle, el periódico que difundió, entre 1836 y 1837, el folletín de Los papeles póstumos del Club Pickwick, y los posteriores Oliver Twist y Nicholas Nickleby. La publicación por entregas de prácticamente todas sus novelas creó una relación especial con su público, sobre el cual llegó a ejercer una importante influencia, y en sus novelas se pronunció de manera más o menos directa sobre los asuntos de su tiempo.
En estos años, evolucionó desde un estilo ligero a la actitud socialmente comprometida de Oliver Twist. Estas primeras novelas le proporcionaron un enorme éxito popular y le dieron cierto renombre entre las clases altas y cultas, por lo que fue recibido con grandes honores en Estados Unidos, en 1842; sin embargo, pronto se desengañó de la sociedad estadounidense, al percibir en ella todos los vicios del Viejo Mundo. Sus críticas, reflejadas en una serie de artículos y en la novela Martin Chuzzlewit, indignaron en Estados Unidos, y la novela supuso el fracaso más sonado de su carrera en el Reino Unido. Sin embargo, recuperó el favor de su público en 1843, con la publicación de Canción de Navidad.
Después de unos viajes a Italia, Suiza y Francia, realizó algunas incursiones en el campo teatral y fundó el Daily News, periódico que tendría una corta existencia. Su etapa de madurez se inauguró con Dombey e hijo (1848), novela en la que alcanzó un control casi perfecto de los recursos novelísticos y cuyo argumento planificó hasta el último detalle, con lo que superó la tendencia a la improvisación de sus primeros títulos, en que daba rienda suelta a su proverbial inventiva a la hora de crear situaciones y personajes, responsable en ocasiones de la falta de unidad de la obra. En 1849 fundó el Houseold Words, semanario en el que, además de difundir textos de autores poco conocidos, como su amigo Wilkie Collins, publicó La casa desierta y Tiempos difíciles, dos de las obras más logradas de toda su producción. En las páginas del Houseold Words aparecieron también diversos ensayos, casi siempre orientados hacia una reforma social.
A pesar de los diez hijos que tuvo en su matrimonio, las crecientes dificultades provocadas por las relaciones extramatrimoniales de Dickens condujeron finalmente al divorcio en 1858, al parecer a causa de su pasión por una joven actriz, Ellen Teman, que debió de ser su amante. Dickens hubo de defenderse del escándalo social realizando una declaración pública en el mismo periódico. En 1858 emprendió un viaje por el Reino Unido e Irlanda, donde leyó públicamente fragmentos de su obra. Tras adquirir la casa donde había transcurrido su infancia, Gad’s Hill Place, en 1856, pronto la convirtió en su residencia permanente.
La gira que inició en 1867 por Estados Unidos confirmó su notoriedad mundial, y así, fue aplaudido en largas y agotadoras conferencias, entusiasmó al público con las lecturas de su obra e incluso llegó a ser recibido por la reina Victoria poco antes de su muerte, acelerada por las secuelas que un accidente de ferrocarril dejó en su ya quebrantada salud.

jueves 29 de diciembre de 2011

Literatura Antropológica: Nuevas Tendencias de la Narrativa Nacional

Investigación en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Austral de Chile

El Dr. Iván Carrasco, con su proyecto Fondecyt Regular N° 1100344, adjudicado en el 2010, busca incorporar una nueva categoría al estudio de la literatura chilena.


Escrito por: Fernanda Luzzi Haussmann -
Periodista Facultad de Filosofía y Humanidades
Universidad Austral de Chile
Email: fernandaluzzi@gmail.com



Es una literatura no conocida, valorada ni leída como tal, pues se ha desarrollado en publicaciones, congresos y diálogos propios de los espacios intelectuales de la antropología nacional. Lo que el Doctor Carrasco busca, con esta investigación, es fundamentar que sí existen textos literarios-antropológicos, aunque no se los considere así en los círculos literarios, “es un trabajo extremadamente creativo y muy riguroso, pues debo explicar por qué estos textos de corte antropológico son literarios también”, asegura el docente.

Existe un sector aún no descrito en la literatura chilena actual, conformado por un tipo de texto diferente que aparece como parte del discurso antropológico y que remite a dos órdenes de pensamiento, posee un estilo propio, un conjunto de temas limitados por la formación profesional de los autores y cumple un funciones cognitivas, testimoniales y autobiográficas.

El proyecto ya se encuentra en una segunda fase, en el segundo tercio del tiempo estimado por Fondecyt para la realización de esta iniciativa. Trabajan, junto al Doctor Carrasco, las estudiantes de postgrado Pilar Valenzuela y Daniela Bahamonde, las que preparan, actualmente, sus tesis para obtener los grados de Doctor en Ciencias Humanas y Magister en Literatura Hispanoamericana Contemporánea respectivamente. También participa el antropólogo Miguel Alvarado (docente de la UMCE, doctorado en Ciencias Humanas en la UACh) como co-investigador de “Literatura Antropológica en Chile”.

La Literatura Antropológica tiene una base teórica que combina ambas tendencias, es un fenómeno sin explicación hoy por hoy, por lo que se debe fundamentar teóricamente. Los objetos de análisis son complejos, se debe construir un nuevo objeto de estudio, puesto que es la primera vez que se habla de este tipo de narrativa.

Una vez ordenados y definidos los textos a revisar, se seleccionaron los más representativos, que fueron analizados desde una perspectiva deductivo-inferencial con apoyo de categorías de origen semiótico, filosófico y retórico de reconocidos autores. Las publicaciones antropológicas-literarias son textos creativos que se pueden dividir en narrativos y poéticos.

A la fecha no es posible hablar de resultados, pues para que la investigación resulte exitosa no es suficiente demostrar la existencia de esta nueva literatura con métodos de investigación científica solamente, sino lo más importante es que el canon literario o comunidad literaria la acepte como tal.

Por lo mismo, para el Doctor Carrasco es importante asistir y participar en diversos Congresos y Seminarios, espacios donde puede dar a conocer parte de su investigación y comenzar a establecer los conceptos y definiciones de la Literatura Antropológica chilena, para que se comience a hablar al respecto y se acepte.

Como lo mencionamos anteriormente, es la primera vez que se estudia este tipo de literatura, por lo que para el equipo del proyecto es un desafío lo exitoso que pueda resultar el estudio, pues, de ser aceptado por la comunidad literaria, lo realizado por Iván Carrasco será innovador y sentará precedentes para investigaciones futuras sobre literatura en Chile.

Para comenzar a demostrar la importancia de este tipo de narrativa para el país, es que el Doctor Carrasco ha publicado artículos, referentes a su investigación, en revistas especializadas, las que se conocerán el próximo año. “No informo resultados, porque los datos deben ser fidedignos y ello se obtendrá al finalizar la investigación, en un año más, pero sí doy a conocer avances para que la comunidad literaria comience a aceptar esta teoría”, afirma el académico.

Aunque no parezca cierto, investigar la relación entre fenómenos de distinta naturaleza es bastante agotador y demandante, pues hay que leer y contrastar muchos textos y teorías, pero, para el Doctor Carrasco, resulta enriquecedor ver que lo que está intentando demostrar sí le parece lógico a otros, sí le hace sentido a miembros de la comunidad literaria.

Con los resultados que se obtengan de la investigación, se espera introducir el concepto de Literatura Antropológica en el campo de los estudios literarios, haciéndolo accesible a investigadores y estudiantes a través de la publicación de artículos, ponencias en congresos y conferencias.

“Es importante enfatizar que esta es una investigación del ámbito cultural de la sociedad chilena, elemento propio del desarrollo de la poesía nacional y una de las dimensiones más importantes de nuestra cultura”, finaliza y afirma el Doctor Carrasco.





domingo 27 de noviembre de 2011

Bombal, la película: la juventud salvaje de la autora de La Amortajada



Enlaza con el artículo anterior

El filme de Marcelo Ferrari opta por concentrar su historia en pocos días del año 1941.
por Rodrigo González M.

Tenía apenas 30 años y había publicado La última niebla, La amortajada y El árbol. Es decir, las obras por las que sería conocida el resto de su vida.También se había casado con el pintor argentino Jorge Larco, un buen amigo que en realidad era homosexual. Y, a los 29, había intentado contraer matrimonio con el doctor Carlos Magnani, otro argentino, pero que la doblaba en edad: tenía 62 años. Magnani, sin embargo, la engañó y terminó en el altar con una chica de 22.

Mujer de juventud frenética, María Luisa Bombal recuerda un poco a Arthur Rimbaud, el gran poeta francés que creó y vivió todo antes de los 21 años, para pasar los restantes 16 de su vida dedicándose a los más diversos oficios. La autora chilena dejó su huella en la literatura local durante la década del 30, recién llegada de París, entre los 25 y 30 años. En ese período cosechó sus aventuras amorosas más tormentosas y despertó el respeto de Neruda y Borges. Luego, durante cuatro décadas, su existencia fue una larga añoranza por tiempos mejores.

La creativa juventud de María Luisa Bombal (1910-1980), que concluye cuando le dispara a su esquivo amor Eulogio Sánchez Errázuriz, en enero de 1941, es el período que nutre la nueva película de Marcelo Ferrari. El trabajo se llama Bombal y llegará a salas en el primer semestre del 2012, antes de que TVN emita una miniserie de televisión. Pero antes, el filme se estrenará en el Festival de Cine de Valdivia, que va del 11 al 16 de octubre.

"Nos tomamos la libertad de hacer un retrato de María Luisa Bombal en poco tiempo, relatando los días más intensos de su vida. Y eso es porque no existe la intención de hacer una descripción biográfica", explica el director, que firma con Bombal su segunda película, tras Sub terra (2003).

"En rigor, deben ser unos 20 días los que contamos en la vida de Bombal. Todo en 1941. Pero hay algunas licencias que nos tomamos: por ejemplo, su matrimonio con Jorge Larco fue mucho antes que el episodio del disparo a Eulogio Sánchez. Sin embargo, acá los colocamos en forma paralela", dice el realizador.

Mujer de grandes contradicciones, María Luisa Bombal se codeó con las vanguardias literarias de su época y, al mismo tiempo, mantuvo una relación romántica con el mencionado Sánchez, un hombre tan mujeriego como ideológicamente conservador: fundó el movimiento de ultraderecha Milicias Republicanas. Fue protegida de la autora criollista Marta Brunet. En Buenos Aires hizo amistad con Borges, quien calificó a La amortajada como "libro de triste magia, libro de oculta organización eficaz, libro que no olvidará nunca nuestra América".

El interés de Marcelo Ferrari por llevar este personaje al cine tiene que ver, además, con lo que él llama la "intensidad" de la vida de la autora de La última niebla. "Fue capaz de otorgarles una voz erótica a las mujeres. Y lo hizo con atrevimiento y con poesía. Eso es quizás lo que más me interesa al hacer la película", explica Ferrari. "Cuando hablo de ella con los actores, a veces nos referimos a María Luisa como una especie de escritora punk de su época. Ella se mueve en el mundo sólo guiada por sus emociones y se ciega. Su intensidad es tal que a veces pierde la cordura".

De 85 minutos de duración, Bombal es protagonizadapor Blanca Lewin, en el rol de María Luisa Bombal; Marcelo Alonso, como Eulogio Sánchez, y Alejandro Goic, en el papel de Jorge Larco. También contribuyen Montserrat Prats, como una prima y confidente de la autora de El árbol, y María José Prieto, en el carácter de Clara, la mujer con que finalmente se queda Sánchez.

En el trailer de la cinta saltan a primera vista dos aspectos: el desenfado con que la escritora tenía relaciones sexuales y su clara dependencia del alcohol. "Hacia el final de su vida, el alcoholismo la marcó y todo fue muy triste. Se quedaba dormida en lugares públicos, Nosotros lo que hacemos en la cinta es dar pistas de esta inminente enfermedad", dice el realizador. "Además, la mostramos disfrutando su sexualidad, sin complejos, como realmente era ella. No es exhibir el erotismo con ánimo morboso, sino que colocarlo en la dimensión que María Luisa le daba. Y, bueno, hay que decir que eso también fue lo que fascinó a hombres como Eulogio Sánchez", explica.

El amor indomable que Bombal sintió hacia el aviador Sánchez es la carne de varias de las escenas más gráficas de la película, incluyendo su intento de suicidio y, por supuesto, aquellos tres disparos de antología que el 21 de enero de 1941 buscaron liquidar la vida de éste. El episodio fue en las afueras del Hotel Crillón, y aunque no le costó la existencia a Sánchez, sí significó para la escritora la decisión de partir a Estados Unidos. Ahí pasaría 30 años.

En los 70 estuvo a punto de ganar tres veces el Premio Nacional de Literatura, pero los galardones fueron a parar a ilustres desconocidos. Sin embargo, hace mucho tiempo que ya nada importaba demasiado. En 1956, Sánchez murió en un accidente aéreo. Bombal viviría el resto de su vida "atacada por la melancolía", lejos de los estremecedores días de su juventud.


María Luisa Bombal - La última niebla


por Ignacio Valente

Es un gozo ver cómo se reeditan y leen y releen las obras de María Luisa Bombal. Editorial Andrés Bello publica, ahora en un pequeño volumen de 100 páginas, La última niebla, seguida de tres relatos: "El árbol", "Las islas nuevas" y "Lo secreto". Estos tres cuentos, por su calidad, merecen comentario aparte. A la novela, que data de 1935, parece no haberle pasado el tiempo, como a los clásicos. En este casi medio siglo se han sucedido las generaciones literarias, se han innovado los procedimientos, ha cambiado el mundo. Ya no se escribe así, qué duda cabe: no son los ángeles del sueño ni los fantasmas del corazón femenino los que tienen la palabra, sino otros dioses -con frecuencia diosecillos- de la tierra. Y, sin embargo, en este lapso nos cuesta encontrar una novela chilena que pueda trascender así su tiempo y su lugar, revelando una experiencia tan universal -el amor, como siempre en la autora- bajo el sortilegio de un lenguaje narrativo y poético tan perdurable.

La última niebla es el relato de una frustración y un delirio femeninos, narrado en primera persona por una mujer sedienta de entrega, que teje con las dos hebras mágicas de la realidad y el sueño la trama de un romance absoluto. El amor nacido de un encuentro fortuito y casi irreal, se proyecta sin límites sobre un mundo de enamorada alucinación. La mujer vive de un recuerdo y quizá de un puro sueño, más reales, sin embargo, que el rutinario presente de su existencia actual. El amante perdido y tal vez inexistente, tiene aspiraciones fugaces en medio de la niebla, rodeado siempre de un halo luminoso y evanescente: viene a llevársela desvanecida, una tarde de viento; cruza el camino, junto al estanque donde ella se baña, en un carruaje cerrado; viene y se esfuma, en apariciones de consistencia onírica, de las cuales ella misma terminará por dudar. Resulta inútil separar los hechos positivos y las ilusiones delirantes de este amor, pues la novela ocurre entera dentro de la conciencia, una conciencia femenina desgarrada que jamás se instituye en norma objetiva o exterior de la verdad: la verdad es este amor aunque este amor no fuera verdad.

Nos maravilla el desdén que M. L. Bombal se permite hacia lo exterior, descriptivo, pintoresco, explicativo. No hay aquí referencias, antecedentes, introducciones: las personas y cosas de este mundo -la casa de campo, el marido, una muchacha muerta, los parientes, en las primeras páginas- aparecen reveladas de modo instantáneo en la situación misma, en el presente de la conciencia que los siente y sueña, a golpes de emoción. Estamos tan lejos del naturalismo como de la novela psicológica: la poesía -un lirismo impresionista- tiene la palabra. Los procesos del amor, que exigirían largas y doctas explicaciones a la psiquiatría, la fenomenología o el análisis existencial, son iluminados de golpe por la intuición poética, que tan bien sabe la autora desplegar en forma narrativa.

De allí la densidad de esta breve novela. No sobra un adjetivo. Su velocidad está hecha de pura síntesis; sus cambios de tiempo no son los trucos formales que prodiga tanta novela actual, sino los saltos naturales de la conciencia. El tiempo de este relato posee la asombrosa discontinuidad del transcurso interior, de la duración vital, la durée de Bergson. Hay morosidades y prisas, pero ellas no nos hacen pensar en virtuosismos formales, sino en el ritmo natural de la vivencia. En general, no se percibe artificio o esfuerzo técnico en esta prosa; su esencia poética lo vivifica todo con un ánima encantada que exime de todo aparente trabajo formal.

La continua presencia de la naturaleza en el relato es siempre antropomórfica. La lluvia, el paisaje del campo, el vendaval, el otoño, participan expresivamente de la misma respiración interna del alma, la prolongan y revelan. Esta Einfuhlung, proyección afectiva sobre lo inanimado, se hace más intensa en torno al elemento central de la naturaleza y del espíritu: la niebla. La niebla es el poder brumoso que confunde las regiones del ensueño y de la realidad; de allí su presencia continua sobre las casas, calles y campos, presencia que confiere una soledad sorda y a la vez un recogimiento íntimo y femenino a las situaciones. Pero la niebla es también la fuerza ciega de lo hostil y resistente, que contraría la luminosidad de los designios humanos, sobre todo de los designios amorosos.

Un relato como éste no podría ser narrado sino en primera persona. Aunque su esencia poética esta bien diluida en el transcurso narrativo, apenas hay, sin embargo, construcción objetiva de personajes y argumentos: prima siempre el flujo interior de la conciencia, que va revelando la secreta identidad de personas y cosas al ritmo de la emoción. Las imágenes líricas, a su vez, no son nunca construcciones formales a partir de elementos inmóviles o abstractos o pensados: son imágenes primarias, silvestres, dinámicas, en estado natural. Son imágenes que amaría un Gastón Bachelard: móviles, prístinas, capaces de irradiación. El lenguaje, por su parte, está invadido de profundos ritmos, asociaciones subliminales, parentescos lingüísticos, y de un sentido musical espontáneo que aligera esta excelente prosa narrativa. Muchas veces me he quejado yo de otras prosas "contaminadas" de poesía, poeticoides, imprecisas; la de M. L. Bombal, en cambio, está vivificada por la poesía, sin perder un ápice de su índole narrativa.

La revelación central de esta novela es la esencia de la femineidad en torno al fenómeno del amor: esencia que se manifiesta con una pureza y concentración que a menudo no consiguen los tratados más clásicos sobre el tema. El misterio femenino, su fisiognómica -expresión corporal del enigma de la mujer en sus formas y gestos-, sus ánimos tornadizos, su confusión íntima, su emotividad como centro de la persona, se nos revelan espléndidamente en este sueño enamorado. Ninguna mujer real coincide con la femineidad pura; todas tienen un algo viril. Nuestro personaje, en cambio, es la femineidad. De allí su carácter trágico, su amor imposible, su fracaso. Y también su belleza irreal.


martes 8 de noviembre de 2011

Invitación Recital Poético Taller Literario Gredazul


Están todos invitados a  disfrutar de buena poesía este
miércoles 16 de noviembre a las 19:00 horas.

jueves 3 de noviembre de 2011

Presentación libro póstumo del poeta Eduardo Díaz Espinoza



En la Sala Camilo Mori de la Feria Internacional del Libro de Santigo, este viernes 4 de noviembre a las 17:00 horas será presentado el libro "IDENTIDAD CULTURAL DE LA II REGIÓN A TRAVÉS DE SUS CREADORES LITERARIOS EN EL BICENTENARIO" del nortino poeta e investigador Eduardo Díaz Espinoza.

Obra inédita e investigativa  que el escritor antofagastino preparó con rigurosidad los años previos a su muerte. En sus meses finales intentó concretar la edición de este estudio pero la muerte lo sorprendió en estos menesteres.  Sus colaboradores más cercanos dieron término a esta edición que se presentará mañana viernes en la FILSA.

Luisa García

domingo 9 de octubre de 2011

Relaciones equívocas: el prostíbulo y la literatura hispanoamericana actual

Roberto Hozven
Facultad de Letras, P. Universidad Católica de Chile



Desde el "Prólogo" de su libro Sexualidad y cultura en la novela hispanoamericana. La alegoría del prostíbulo (Santiago de Chile: LOM, 2003), entre otras síntesis pertinentes, Rodrigo Cánovas escribe:

"si la prostituta es una mercancía libidinal (siendo el music hall el producto erótico a gran escala en la vida citadina europea de la primera mitad del siglo XIX), la literatura es su doble en el ámbito de las imágenes y el periodismo, en la comunicación" (7).

Esta afirmación tiene varios sentidos concurrentes: para comenzar, el nexo sorprendente establecido entre la prostituta y la literatura. Nexo que se fundaría sobre el hecho de que ambas son mercancías y ¡libidinales! Como mercancías, ambas, la prostituta y la literatura, son bienes muebles que se transan, clandestinamente y no, en las ferias, calles y hasta aeroplanos que sobrevuelan Santiago -como nos lo mostró recientemente un documental televisivo. Como signos, ambas encarnan del modo más álgido y próximo las instituciones donde se practican y se nombran las pasiones y manías sorpresivas que definen los rituales imaginativos de la libido humana, lo que comúnmente llamamos una erótica. Asunto predilecto de la poesía, la novela y el ensayo modernos, en los que el prostíbulo, la prostituta y la literatura, de distintas maneras pero siempre mancomunados, han estimulado nuestra imaginación y conmovido nuestra libido, especialmente desde los autores libertinos (Laclos, Diderot) hasta nuestro contemporáneo Henry Miller, pasando por Charles Baudelaire, el fundador de la poesía moderna. En fin, la prostituta y la literatura, sea como bienes o como signos, implican un sistema cultural que las sujeta a condiciones de producción, territorios de circulación donde se ejercen así como a hábitos y reglas de consumo libidinales no menos coercitivos y específicos que los de cualquier otro bien menos provocativo.

Una de las condiciones culturales que comunican a la prostitución con la literatura hispanoamericana es -creo- el triángulo que ambas forman con el melodrama. Ese género patético donde el querer quema, pero conceptualmente vergonzante por su manera sentimentaloide de vivir las emociones. El melodrama se siente, pero no puede declararse. Sin embargo, esta experiencia inconfesa, espuria, fija sentimientos socialmente válidos; sentimientos por los cuales la industria cultural nos hace comprender la realidad a la manera de una farándula, a la vez gozosa, sufriente y trascendental. Todos somos Cristos, Magdalenas y Marías profanos, dispuestos a vivir la realidad como un camino zigzagueante entre el logro fantasioso y su más estrepitoso fracaso social. El melodrama vacila así entre la esperanza más insensata y su escepticismo más radical -como observa Carlos Monsiváis. De alguna manera, burgueses, clase media, proletariado y lumpen comulgamos patéticamente con estas ruedas de carreta intercambiándonos deseos, fantasmas y martirios secretos que nos inducen, enseguida, a comportarnos inconscientemente de acuerdo con ellos. Se entiende la apetencia de nuestra literatura por el espacio del prostíbulo y sus personajes melodramáticos, a través de cuyos territorios y correrías pueden vislumbrarse "las ilusiones y desilusiones del cambio social en los inicios de nuestra modernidad" (8).

Limitémonos a comentar, sinópticamente, dos de los ocho acuciosos y brillantes estudios semióticos (más que "formalistas"-como declara con modestia el autor) que Rodrigo Cánovas ha dedicado a cada una de las correspondientes novelas hispanoamericanas en las que el prostíbulo figura como un motivo mayor: Pantaleón y las visitadoras, de Mario Vargas Llosa; El lugar sin límites, de José Donoso; Juntacadáveres, de Juan Carlos Onetti; La casa verde, de Mario Vargas Llosa; El zorro de arriba y el zorro de abajo, de José María Arguedas; Juana Lucero, de Augusto D'Halmar; Santa, de Federico Gamboa, y Nacha Regules, de Manuel Gálvez.

En el nivel local hispanoamericano, el burdel "aparece como un modelo reducido, desde el cual se reconstruyen por analogía los demás espacios de la sociedad como estériles y regresivos" (14). En Juana Lucero, novela del año 1902 del chileno D'Halmar, el burdel es la Casa de Modes, de inspiración y resonancia parisinas, "en la cual parecen replicadas situaciones de otras casas y lugares" de Chile. Este burdel, que opera como una casa de citas bajo la mascarada glamorosa de la Maison de Modes, anticipación del estilo Coco Chanel, el prostíbulo cita y condensa los vicios de otras casas chilenas. Por ejemplo, lo que ocurre detrás de las paredes equívocas de la casa de misiá Loreto Garrido, trotaconventos y cahuinera evocadora de la imagen de la Celestina o los vicios del hogar hipócrita de los Caracuel, cuyo dueño de casa viola y fecunda, para su mal, a la humilde Juana quien, a consecuencia de su preñez, es expulsada como indeseable de la casa familiar.

En Juntacadáveres, novela del año 1964 del uruguayo Onetti, el prostíbulo ya no cita ni condensa los vicios sociales de otras casas hispanoamericanas contiguas, como el Juana Lucero de D'Halmar. El burdel onettiano aspira a fijar un vértigo: quiere concretarse como ese lugar utópico "al cual los hombres acuden para recordar lo que se anheló" (70). Ese lugar pleno, feliz, donde cada hombre podría encontrar su mujer perfecta. Como el falansterio (esa comunidad autónoma de producción y consumo concebida dentro de un sistema socialista), soñado por Fourier y ensayado en la novela por Marcos, el deuteragonista; el prostíbulo concebido y creado por Junta Larsen -el macró protagonista de la novela y apodado Juntacadáveres por reclutar prostitutas tan deterioradas como cadáveres-, su prostíbulo -digo- compite con el falansterio en su intento de crear una unidad social cumplidora de la felicidad humana. Más aún, dentro de su mundo invertido, todo él configurado por antivalores apreciados como positivos, Larsen, el Juntacadáveres, trata de crear un espacio trascendente que nos haga "vivir la ilusión del paraíso perdido [aunque más no fuere] desde la visión de su ruina" (74). El prostíbulo, en Juntacadáveres, no solo desborda de libido la función social del falansterio fouriano sino que también varía perversamente, en su envés profano, la sublimación religiosa de la Iglesia. Aclaro: la celebración del antivalor, tal como lo plasma con fría rabia sedimentada esta novela, es también la cara nostálgica y ardiente con que la sátira lamenta la pérdida irreversible de la utopía. En este sentido, el prostíbulo de Juntacadáveres viene a configurar el envés de una iglesia; motivo por el cual el padre Bergner, párroco del pueblo, se encargará de "poner el cielo ‘al derecho' en Santa Marta" expulsando al macró. Poner el cielo al derecho significa también desengañar a los habitantes del pueblo de las pretensiones salvíficas del burdel, desengañarlos, entre otras, del "engaño del ojo" a que inducen sus inocentes paredes color azul cielo. Cánovas concluye: "Desde esta matriz común el texto genera el burdel, el falansterio y la finca como espacios simétricos" (79) -a los que yo me permito agregar la misma iglesia que figura en la novela.

Volvamos al segundo término de la afirmación epigramática inicial de Cánovas: ¿en qué sentido la literatura, mercancía libidinal como el prostíbulo, es su doble en el ámbito de las imágenes y de la comunicación?
Comencemos recordando algo que por sabido a menudo descuidamos: desde el romanticismo a hoy día entendemos por literatura la expresión de una subjetividad que, al mismo tiempo, representa figurativamente el Zeitgeist de una época y nación. Interpelando al mundo con su escritura, el hombre de letras reencuentra en ella, distorsionados, su rostro y el de su tiempo. Pero también, inversamente, su escritura sintomatiza un elemento fundamental de la modernidad: la desterritorialización de la cultura. Ésta ocurre cuando su escritura crea espacios que comunican deseos privados con tópicos cosmopolitas, valores universales con conflictos locales que los desdicen y resemantizan. En otras palabras, reaparece la vieja querella entre los antiguos y los modernos, entre el casticismo y el europeísmo o el criollismo y las vanguardias. El escritor moderno, especialmente el hispanoamericano, sabiéndose de esta tierra, a menudo encuentra su alma en otra, como si estuviera condenado a buscar en su tierra la otra y, en la otra, la suya -como escribe Octavio Paz.

Dado que no tenemos mucho tiempo, imitemos un gesto escritural frecuente en la escritura epigramática de Cánovas: el cortocircuito enfático. Diría, entonces, que la literatura hispanoamericana reedita el gesto esencial que define a todo contrato prostibulario: el de desear a quien no la desea. En efecto, la literatura hispanoamericana, desde sus márgenes neocoloniales, ha deseado desde lejos y desde siempre la cultura y el glamour (para ella sinónimos) de los centros metropolitanos, recibiendo de vuelta su indiferencia, si no menosprecio, hasta los tiempos recientes del "Boom". Y el "Boom", precisamente, surge como esa instancia híbrida, hecha de procesos contradictorios, por las cuales la literatura hispanoamericana neutraliza la primacía de los centros descubriendo dentro de sí misma la centralidad de sus márgenes. En otras palabras, valora su hibridismo, su haber sido "ni chicha ni limonada" frente al fundamentalismo de cualquier polaridad excluyente: Europa o Tercer Mundo, blancos o indios, izquierdas o derechas, golpistas o golpeados. Como una prostituta, ubicada en los intersticios de los cuerpos sociales (entre los deseos del esposo y el repudio de la familia Caracuel; entre el proyecto utópico de Larsen, hecho de antivalores, y el asco ético del cura; entre las necesidades libidinales de los milicianos en los trópicos y la imposibilidad del ejército de reconocerlos como tales en Pantaleón y las visitadoras), la literatura hispanoamericana contemporánea, de modo abierto y no ya clandestino, se va con los dos términos de la oposición, se va con los golpistas, así como con los golpeados; incluye a los dominantes, así como a los dominados; abraza la norma, así como a su réplica polémica en un solo abrazo fecundo y críticamente gozoso. Nuestra literatura actual aprende el gesto ventrílocuo de hablar desde la zona clandestina, casi siempre oculta, donde la gente reside de modo inestable e inquietante. Esta zona oculta e inestable (a menos que uno se viva como un dogmático irredento) está hecha de la transfugacidad y transferencia de nuestros sentimientos y deseos, los que, incluso, nos llevan desapercibidamente a adoptar maneras, hábitos e ideas de quienes repudiamos o hasta consideramos nuestros enemigos. La prostituta y la literatura encarnan frente a nosotros todo lo que debiendo estar o debiendo haber quedado escondido sale y puede ponerse a circular, amenazadoramente, sacando a luz nuestras desvergüenzas. A esta amenaza alude el conocido dictum nietzscheano: "los hijos son los secretos de los padres". Y que reconocemos en esa situación inquietante en que una hija o hijo se ponen imprudente (o agresivamente) a comentar nuestros dichos íntimos dentro del espacio público de nuestros invitados oficiales. Esta intersección confesional, a contrapelo de nuestros intereses públicos pero catártica para los íntimos, es también prostibularia y literaria, como bien ha sabido sacar partido de ella toda la literatura, desde la Comedia del Arte a la de hoy día. Particularmente la literatura de hoy, aquella que inserta a sus personajes -a nosotros -en una serie multidimensional de realidades discontinuas, haciéndonos sentir traidores inconfesos o macrós fundadores de prostíbulos trascendentes, fundados sobre antivalores que se comunican, subrepticiamente, con el ayuntamiento, con instituciones de ahorro y con la iglesia -como en la novela Juntacadáveres. Ha sido por este gesto-puente, a la vez prostituto y literario, por el cual la literatura hispanoamericana ha entrado exitosamente, de modo paradójico, a la modernidad que la esquivaba.

Bien, este fue mi recorrido comprensivo por el libro Sexualidad y cultura en la novela hispanoamericana. La alegoría del prostíbulo, de Rodrigo Cánovas. Hay otras comprensiones. Para concluir enumero algunas:


a)  el prostíbulo como un lugar heterotópico, "es decir, como un lugar que tiene la virtud de incluir todos los demás espacios recreados por la cultura, de confrontarlos, deformarlos, invertirlos y, finalmente, anularlos" (6);

b) el prostíbulo como un espejo enrevesado de la nación, donde el erotismo y las uniones y desuniones amorosas tienen un carácter alegórico; en cuanto fundan imaginariamente la nación "resolviendo en este ámbito problemas étnicos, ideológicos, económicos o regionales" (15);

c)  el tránsito desde el prostíbulo de la novela naturalista (Juana Lucero, Santa y Nacha Regules), donde éste constituye contra-relatos de la imagen de una fundación moral sólida de nuestras naciones, al prostíbulo de la novela contemporánea (El lugar sin límites, Juntacadáveres, Pantaleón y las visitadoras, etc.), donde el prostíbulo interroga exclusiones enunciativas que afectan nuestra existencia y su sentido (8);

d)  la interpretación alegórica del prostíbulo donosiano, en El lugar sin límites, como un espacio demoníaco, infierno que es el revés del cielo y de la hacienda, su encarnación telúrica. Dentro de este análisis, me impresionó la sutileza y contundencia con que Cánovas rubrica su interpretación, demostrando la red anagramática que vincula a los nombres de los personajes de la novela: la letra V (de Pancho Vega) reaparece desdoblada e invertida en la letra M (de Manuela, el travesti que lo excita haciéndole ver su homosexualidad latente), así como de EMa (su mujer) y de NorMa (su hija), "instaladas en el cielo talquino". Del mismo modo, la M, patas para arriba, se lee como la W de Wurlitzer (la música celestial). Es decir, las letras duplican las funciones que realizan sus nombres, y los nombres alegorizan el sentido de las acciones que realizan los sujetos que los portan. En suma, Cánovas nos restituye la gramática de la poesía que regula la narrativa de Donoso y, lo mejor, en una prosa epigramática (porque preñada de sentidos múltiples en su brevedad), didáctica (porque nos enseña aprendiendo con nosotros) y familiarmente reflexiva (cuando nos hace descubrir lo extraño en lo cotidiano, a la manera reflexivamente entretenida de una fábula).

Por todo lo anterior, es un libro que puede ser leído con provecho por estudiantes y especialistas, por "moros y por cristianos".