lunes, 19 de septiembre de 2011

Picasso: La acróbata de la bola



El Museo del Prado acoge desde hoy, y hasta el 18 de diciembre, La acróbata de la bola de Picasso, un óleo sobre lienzo de 147 x 95 cm, procedente del Museo Pushkin de Moscú (Rusia), considerado una obra clave del periodo rosa (1904-1905) del genio malagueño.



Esta pintura, adquirida por la escritora y coleccionista norteamericana Gertrude Stein, pasó a la galería de Daniel-Henry Kahnweiler, quien en 1913 la vendió al coleccionista ruso Ivan Morozov. Tras la Revolución, la colección Morozov pasó a formar parte de las colecciones estatales distribuyéndose mayoritariamente entre los dos grandes museos públicos rusos: el Pushkin de Moscú, que gracias a esta adscripción ingresó esta obra de Picasso en sus colecciones, entre otras, en 1948; y el Hermitage de San Petersburgo, de cuyas obras procedentes de la importante colección Morozov habrá también significativos ejemplos en la exposición El Hermitage en el Prado, que al inaugurarse el próximo mes de noviembre dará lugar al reencuentro temporal en Madrid de estas pinturas con la obra procedente de Moscú.


Renovación de la pintura


Dada la relevancia de La acróbata de la bola para el Pushkin, para el que en opinión de su directora Irina Antónova “Picasso no es sólo un pintor” para su país “sino un reformador, la figura en torno a la que se concentró ese paso grandioso y dramático, la transición radical que representó la Vanguardia protagonizada en Rusia por figuras tan importantes como Malevich y Kandinsky”, la obra únicamente ha sido prestada por el museo ruso en cuatro ocasiones, siempre con motivo de grandes exposiciones internacionales siendo las más recientes las dedicadas al artista en la Tate Gallery de Londres en 1960 y la gran antológica inaugurada con motivo del 90 aniversario de Picasso en el Museo del Louvre de París en 1971.




Sobre la importancia de Picasso para Rusia, destaca también la gran sensación que causó la primera exposición que se le dedicó en este país en 1956, con obras enviadas por el propio Picasso y por el escritor ruso Iliá Erenburg, amigo personal del artista. Para Irina Antónova, esta exposición supuso la definitiva consagración de un artista hasta entonces bastante controvertido para los rusos como un “pintor brillante”.

Desde 1904, Picasso visitaba a menudo el Circo Medrano, instalado cerca del estudio que el artista tenía en el Bateau-Lavoir, en Montmartre. La afición al circo se había desarrollado ya entre los pintores impresionistas atraídos por su luz y su movimiento. Sin embargo, la aproximación de Picasso tiene un carácter más universal y profundo. A través de las simbólicas figuras del circo, el pintor realizó una reflexión sobre la vida del artista y la vinculó a su investigación sobre los problemas fundamentales de la pintura. Las dos figuras principales de esta obra revelan los polos del arte de Picasso, la creatividad y la fantasía, por un lado, y la seriedad y el rigor, por otro. La acróbata sobre la bola, presente también en otra pintura importante de ese momento, Los saltimbanquis (The Baltimore Museum of Art, The Cone Collection), muestra el temperamento de juego propio del artista. Su amigo íntimo, el escritor Guillaume Apollinaire, la interpretó en términos de una danza estelar, alusiva a la radiante armonía del cosmos




La búsqueda de un estilo


Tras la intensa y melancólica expresividad de su época azul, en esta nueva etapa, desarrollada en París en 1905, Picasso indagó de un modo esencial sobre los aspectos más plásticos de la pintura: el dibujo, conciso y enérgico; la forma, cerrada y perfecta; y el volumen, muy marcado. Su búsqueda se orientó así hacia un rumbo muy distinto al de los jóvenes artistas franceses, fascinados por el colorido violento del fauvisme.

El artista malagueño, necesitado por entonces de materiales, reutilizó uno de sus lienzos grandes en el que había pintado un retrato del pintor Francisco Iturrino (1864-1924), del que existe testimonio fotográfico y radiográfico, y que se había expuesto en 1901 en la galería Ambroise Vollard, en París, durante la primera muestra de Picasso, que compartió con el propio Iturrino.




La composición de La acróbata de la bola, que estudió en varios dibujos preparatorios, revela un cuidado equilibrio entre la ligereza de la acróbata y el peso del atleta. La esfera y el cubo en los que, respectivamente, se apoyan, realzan aquellas cualidades y el consiguiente contraste entre ambas figuras. Por otra parte, son sólidos geométricos asociados desde antiguo, en la tradición platónica, a las características de perfección y estabilidad. Además, la muchacha aparece pintada casi en dos dimensiones, lo que resalta su ingravidez frente al volumen, modelado por las gradaciones de luz y sombra, del hombre. El color, con calidades de pintura mural en una gama restringida de rosas y ocres, y el depurado paisaje del fondo, que se ha relacionado con los de la infancia malagueña del artista, contribuyen de modo decisivo a la esencialidad de la obra.


Madrid. La obra invitada: La acróbata de la bola de Picasso. Museo del Prado.




domingo, 11 de septiembre de 2011

Lluvia de primavera

Imagen adaptada de una fotografía de
Antonio J. Pizarro Méndez


Levemente nostálgica
levemente graciosa
lluvia breve

envolvente

los pájaros
a sus refugios tropicales
y yo
a mis sutilezas.


domingo, 4 de septiembre de 2011

Liturgia

Alzado el cáliz
el vitral se enciende

en el templo
las miradas sumisas buscan
lo terrestre

yo
miro al cielo
como si nada

miércoles, 31 de agosto de 2011

Reedición del libro: ARTE DE PÁJAROS

En el auditorio de Codelco Chile en Santiago,  fue presentada ayer la reedición del libro ARTE DE PÁJAROS, este acto contó con la presencia de Óscar Hahn, Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2011, Rodolfo Reyes, sobrino de Neruda, Bernardo Reyes, escritor y sobrino nieto del Premio Nobel de Literatura además de Juan José Fernández Reguera Presidente de Editorial Losada.

El libro fue publicado en Chile en 1966, por la Sociedad de Amigos del Arte Contemporáneo, en una edición limitada fuera de comercio. En 1973 fue impreso en Argentina por Editorial Losada y hoy se reedita en una versión idéntica a la original en formato de lujo ($35.000)

“Arte de pájaros” es un libro en formato grande, con ilustraciones únicas de dos pintores amigos de Pablo Neruda, Julio Escámez y Héctor Herrera. En él se presentan dos secciones de poemas: Pajarintos, que hace referencia aves reales, y Pajarantes, aves ficticias, fruto de la imaginación de Neruda.

El lanzamiento contó con una presentación musical alusiva a la obra de Pablo Neruda, a cargo del Coro de Cámara de Codelco que dirige Mauricio Cortés López.

domingo, 28 de agosto de 2011

Canto del macho anciano - Pablo de Rokha


Pablo de Rokha

Canto del macho anciano

Sentado a la sombra inmortal de un sepulcro,


o enarbolando el gran anillo matrimonial herido a la manera de palomas

............... que se deshojan como congojas,

escarbo los últimos atardeceres.

Como quien arroja un libro de botellas tristes a la Mar-Océano

o una enorme piedra de humo echando sin embargo espanto a los acantilados

............... de la historia

o acaso un pájaro muerto que gotea llanto,

voy lanzando los peñascos inexorables del pretérito

contra la muralla negra.

Y como ya todo es inútil,

como los candados del infinito crujen en goznes mohosos,

su actitud llena la tierra de lamentos.

Escucho el regimiento de esqueletos del gran crepúsculo,

del gran crepúsculo cardíaco o demoníaco, maníaco de los enfurecidos ancianos,

la trompeta acusatoria de la desgracia acumulada,

el arriarse descomunal de todas las banderas, el ámbito terriblemente pálido

de los fusilamientos, la angustia

del soldado que agoniza entre tizanas y frazadas, a quinientas leguas abiertas

del campo de batalla, y sollozo como un pabellón antiguo.

Hay lágrimas de hierro amontonadas, pero

por adentro del invierno se levanta el hongo infernal del cataclismo personal,

............... y catástrofes de ciudades

que murieron y son polvo remoto, aúllan.

Ha llegado la hora vestida de pánico

en la cual todas las vidas carecen de sentido, carecen de destino, carecen de

estilo y de espada,

carecen de dirección, de voz, carecen

de todo lo rojo y terrible de las empresas o las epopeyas o las vivencias ecuménicas,

que justificarán la existencia como peligro y como suicidio; un mito enorme,

equivocado, rupestre, de rumiante

fue el existir; y restan las chaquetas solas del ágape inexorable, las risas caídas

y el arrepentimiento invernal de los excesos,

en aquel entonces antiquísimo con rasgos de santo y de demonio,

cuando yo era hermoso como un toro negro y tenía las mujeres que quería

y un revólver de hombre a la cintura.



Fallan las glándulas

y el varón genital intimidado por el yo rabioso, se recoge a la medida del abatimiento

............... o atardeciendo

araña la perdida felicidad en los escombros;

el amor nos agarró y nos estrujó como a limones desesperados;

yo ando lamiendo su ternura,

pero ella se diluye en la eternidad, se confunde en la eternidad, se destruye en

............... la eternidad y aunque existo porque batallo y 'mi poesia es mi

............... militancia',

todo lo eterno me rodea amenazándome y gritando desde la otra orilla.

Busco los musgos, las cosas usadas y estupefactas,

lo postpretérito y difícil, arado de pasado e infinitamente de olvido, polvoso

y mohoso como las panoplias de antaño, como las familias de antaño

                como las monedas de antaño,

con el resplandor de los ataúdes enfurecidos,

el gigante relincho de los sombreros muertos, o aquello únicamente aquello

que se está cayendo en las formas,

el yo público, la figura atronadora del ser

que se ahoga contradiciéndose.



Ahora la hembra domina, envenenada,

y el vino se burla de nosotros como un cómplice de nosotros, emborrachándonos,

...............cuando nos llevamos la copa a la boca dolorosa,

acorralándonos y aculatándonos contra nosotros mismos como mitos.



Estamos muy cansados de escribir universos sobre universos

y la inmortalidad que otrora tanto amaba el corazón adolescente, se arrastra

como una pobre puta envejeciendo;

sabemos que podemos escalar todas las montañas de la literatura como en la

                    juventud heroica, que nos aguanta el ánimo

el coraje suicida de los temerarios, y sin embargo yo,

definitivamente viudo, definitivamente solo, definitivamente viejo, y apuñalado

de padecimientos,

ejecutando la hazaña desesperada de sobrepujarme,

el autorretrato de todo lo heroico de la sociedad y la naturaleza me abruma;

¿qué les sucede a los ancianos con su propia ex-combatiente sombra?

se confunden con ella ardiendo y son fuego rugiendo sueño de sombra hecho de sombra,

lo sombrío definitivo y un ataúd que anda llorando sombra contra sombra.

Viviendo del recuerdo, amamantándome

del recuerdo, el recuerdo me envuelve y al retornar a la gran soledad de la adolescencia,

padre y abuelo, padre de innumerables familias,

rasguño los rescoldos, y la ceniza helada agranda la desesperación

en la que todos están muertos entre muertos,

y la más amada de las mujeres, retumba en la tumba de truenos y héroes

labrada con palancas universales o como bramando.

¿En qué bosques de fusiles nos esconderemos de aquestos pellejos ardiendo?

porque es terrible el seguirse a sí mismo cuando lo hicimos todo, lo quisimos

                todo, lo pudimos todo y se nos quebraron las manos,

las manos y los dientes mordiendo hierro con fuego;

y ahora como se desciende terriblemente de lo cuotidiano a lo infinito, ataúd por ataúd,

desbarrancándonos como peñascos o como caballos mundo abajo,

vamos con extraños, paso a paso y tranco a tranco midiendo el derrumbamiento general,

calculándolo, a la sordina,

y de ahí entonces la prudencia que es la derrota de la ancianidad;

vacías restan las botellas,

gastados los zapatos y desaparecidos los amigos más queridos, nuestro viejo tiempo, la época

y tu, Winétt, colosal e inexorable.

Todas las cosas van siguiendo mis pisadas, ladrando desesperadamente,

como un acompañamiento fúnebre, mordiendo el siniestro funeral del mundo,

............. como el entierro nacional

de las edades, y yo voy muerto andando.

Infinitamente cansado, desengañado, errado,

con la sensación categórica de haberme equivocado en lo ejecutado o desperdiciado

              o abandonado o atropellado al avatar del destino

en la inutilidad de existir y su gran carrera despedazada;

comprendo y admiro a los líderes,

pero soy el coordinador de la angustia del universo, el suicida que apostó su destino

                a la baraja

de la expresionalidad y lo ganó perdiendo el derecho a perderlo,

el hombre que rompe su época y arrasándola, le da categoría y régimen,

pero queda hecho pedazos y a la expectativa;

rompiente de jubilaciones, ariete y símbolo de piedra,

anhelo ya la antigua plaza de provincia

y la discusión con los pájaros, el vagabundaje y la retreta apolillada en los extramuros.

Está lloviendo, está lloviendo, está lloviendo,

¡ojalá siempre esté lloviendo, esté lloviendo siempre y el vendaval desenfrenado

              que yo soy íntegro, se asocie

a la personalidad popular del huracán!

A la manera de la estación de ferrocarriles,

mi situación está poblada de adioses y de ausencia, una gran lágrima enfurecida

derrama tiempo con sueño y águilas tristes;

cae la tarde en la literatura y no hicimos lo que pudimos,

cuando hicimos lo que quisimos con nuestro pellejo.

El aventurero de los océanos deshabitados,

el descubridor, el conquistador, el gobernador de naciones y el fundador de

..............ciudades tentaculares,

como un gran capitán frustrado,

rememorando lo soñado como errado y vil o trocando en el escarnio celestial del vocabulario

espadas por poemas, entregó la cuchilla rota del canto

al soñador que arrastraría adentro del pecho universal muerto, el cadáver de

             un conductor de pueblos,

con su bastón de mariscal tronchado y echando llamas.



Canto del macho anciano -  1961

Pablo de Rokha
Chile 17 de octubre de 1894 - 10 de septiembre de 1968


sábado, 6 de agosto de 2011

Aristóteles España - adiós poeta


Aristóteles España



Avenida de la hembra

Siempre quisimos velocidad antes que delirio,
la única soledad era ésa y la hembra
que cruzó la estación por su nombre después;
en las proximidades de la guerra,

con parlantes que anunciaban
la llegada de más aviones
y muchas luces como en nuestra casa,
cánticos de embarcaciones perdidas;

con la hembra desnuda en la razón,
cotidianamente bella,
y los duros señores que miraban
los mapas internos:

y angustias, siempre esta última se impone
en el sueño de la calle;
la pesadilla de la hembra: axila y axila,
con nunca, con adiós en la avenida One.

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Detalles de la decadencia

Es el tiempo de los espejos que caminan,
de los señores feudales y los perros feudales,
el tiempo de la miseria individualista:

es el tiempo de las utopías escondidas en el armario,
de los objetos laicos sin pintura,
de calendarios que tienen color negro;

el tiempo de los pastores sin rebaños,
el de las tribus europeas con propaganda de jabón,
el tiempo de todo para mi, todo para mi, claro;

el tiempo de los ejércitos sin hipótesis ni balas,
el tiempo de los felices sin anestesia,
el tiempo de poemas para enfermos de amor;

es el tiempo de hojas que se pudren en casa,
el de mucha espera en las bibliotecas y bares,
el de reencuentros sin objetivos ni pasiones;

el tiempo de los grupos cerrados y las hormigas,
el de los apóstoles y héroes que no leen ni beben,
el de los Cristos hechos a la medida del paciente.

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del Poemario La entera noche llena
Ediciones La pata de liebre
1° Edición: septiembre de 2005


Biografía de Aristóteles España: 

Castro, Chile, 05 de octubre de 1955 – Valparaíso, 5 de agosto 2011


OBRAS

- La Guitarra de mis sueños, Poesía (1975).
- Incendio en el silencio, Poesía (1978).
- Equilibrios en Incomunicaciones, Poesía (1980).
- Dawson, Poesía. 7 Ediciones(1985).
- Contra la corriente, Poesía (1989).
- El Sur de la Memoria, Poesía (1992).
- Fuera de la Fiesta (Antología; poetas de la Universidad de Magallanes) 1992.
- Antena Parabólica (Antología de poetas jóvenes de la Patagonia), 1993
- Los Pájaros de Post-Guerra, Poesía,(1994)
- Poesía Chilena, La Generación NN (1973-1990), Antología, 1994.
- Tardes Extranjeras, Poesía (1998)
- Materia de Eliminación, Poesía (1998),( Segunda Edición, 2002)
- La Entera Noche Llena, Poesía (2005)
-La Facultad Poética del Mundo Interior, Poesía, 2010
-Mariposa Uruguaya, Poesía, 2010


PREMIOS

- Premio "Gabriela Mistral", Municipalidad de Santiago, 1983.
- Premio "Rubén Darío", del Ministerio de Cultura de Nicaragua, 1985.
- Premio de Poesía de la Municipalidad de San Felipe, 1998.
- Premio "Alerce", Sociedad de Escritores de Chile, Consejo Nacional del Libro y la Lectura, 1998.
- Premio "Juegos Literarios Gabriela Mistral", Municipalidad de Vicuña, 2005.
- Premio de Literatura "Erasmo Bernales", Municipio de Chañaral, 2005.


MENCIONES EN ALGUNAS ANTOLOGIAS

1. Poesía Chilena Contemporánea, Roque Esteban Scarpa, Juan Antonio Massone, Miguel Arreche, Editorial Andrés Bello, Santiago, 1982.
2. Poetas Jóvenes de Chile, Esteban Navarro Editor, Ediciones de la Vicaría de la Vicaría de la Solidaridad, Santiago, 1983.
3. Poets of Chili (1965-1985), Steven White, Unicorn Press, USA, 1986.
4. Poesía en Chile, Ediciones Diario de Poesía, Compiladores Diana Bellesi y Daniel Freindenberg, Buenos Aires, 1988.
5. Poesía Escrita en las Cárceles de Chile, Pablo Varas, Cesoc Ediciones, Santiago, 1992.
6. Poesía Chilena, La Generación NN (1973 . 1990), Ediciones La Pata de Liebre, Santiago, 1993.
7. Juntémonos en Chile, Antología de Poetas Chilenos, Ediciones del Primer Encuentro Latinoamericano de Escritores, Santiago, 1993.
8. En El Ojo del Huracán, Poesía Chilena Nueva, Manuel Alcides Jofré, Santiago, 1994.
9. 14 Poetas Chilenos, Bruno Serrano, Heddy Navarro, Editorial Fértil Provincia, Santiago, 1994.
10. Antología In-Surgente, Poesía de Magallanes, Pavel Oyarzún, Juan Magal, Punta Arenas, 1998.
11. Antología del Grupo "Aumen" de Chiloé, Carlos Alberto Trujillo, Santiago, 1999.
12. Los Poetas y el General, Voces de Oposición en Chile bajo Augusto Pinochet (1973 . 1989), de Eva Goldschmidt Wyman, Lom Ediciones, Santiago,2002.


DIRECCION DE REVISTAS LITERARIAS

13. Revista de Poesía "La Gota Pura", junto a Ramón Díaz Eterovic, Santiago,1981.
14. Revista "Avance para Magallanes", Punta Arenas, 1992 . 1993.
15. Revista de Cultura "La Pata de Liebre", Santiago, 1986 - 2010
16. Versión actual en Internet: www.lapatadeliebre.cl
17. Blog: “www.aristotelesespana.blogspot.com”


DIRECCION DE TALLERES DE LITERATURA

18. Sociedad de Escritores de Chile, 1986
19. Municipalidad de San Miguel, 1986
20. Universidad de Buenos Aires, 1989
21. Universidad de Magallanes, 1992 . 1993
22. Centro Cultural Municipalidad de Castro, 1998
23. Universidad Arturo Prat, Calama 2002-2004


PARTICIPACION EN ALGUNOS ENCUENTROS INTERNACIONALES DE LITERATURA

- Universidad de York, Toronto, Canadá, 1985
- Universidad de Montreal, Canadá, 1986.
- Universidad de La Habana, Cuba, 1987.
- Universidad Mayor de San Andrés, La Paz, Bolivia, 1987.
- Universidad Autónoma de México, 1988.
- Universidad Nacional de Montevideo, Uruguay, 1988.
- Encuentros Latinoamericanos de Poetas, Universidad de Buenos Aires, Revista Ultimo Reino, Centro Cultural Liber - Arte, Buenos Aires, 1988, 1989.
- Juntémonos en Chile, Universidad de Santiago, 1990
- Encuentro de Escritores Latinoamericanos, México, 1991
Y otros eventos internaciones en América y Europa


CARGOS GREMIALES

- Director de la Sociedad de Escritores de Chile, 1986
- Vicepresidente de la Sociedad de Escritores de Chile 2006 . 2008


ESTUDIOS

24. Licenciatura en Ciencias Políticas y Comunicaciones, Universidad de Buenos Aires, 1987 -1991.
25. Licenciatura en Derechos Humanos, Instituto Argentino por los Derechos del Hombres, 1988 . 1991.
26. Guión Cinematográfico, Universidad de Buenos Aires, 1989 . 1991.
27. Licenciatura y Magister en Comunicación Social, Universidad UNIACC; Santiago, 2009.



martes, 19 de julio de 2011

CORRER EL TUPIDO VELO - La vida de José Donoso

Libro recomendado.

2009 - Pilar Donoso
Alfaguara - Aguilar Chilena de Ediciones S.A.


Correr el tupido velo,
un libro sobre la vida del gran escritor chileno José Donoso escrito por su hija Pilar.

por  Jorge Edwards


El libro de Pilar Donoso sobre su padre adoptivo, el novelista José Donoso, Correr el tupido velo, es duro, severo, por momentos patético, muchas veces apasionante, revelador en casi todas sus páginas. Su lectura es fascinante para novelistas, hombres de letras, artistas de cualquier parte: para todos los que quieren asomarse a los misterios –gozosos y dolorosos– de la creación literaria. José Donoso, el autor de El obsceno pájaro de la noche, de El lugar sin límites, de El jardín de al lado, entre muchos otros clásicos de la literatura contemporánea en lengua española, es un caso extremo, dramático, de ribetes personales que pueden resultar insoportables, pero nos concierne a todos. Es un espejo deformado y una posibilidad de vida de cualquier artista o aspirante a artista. Claro está, nuestros mundos latinoamericanos pequeños, arrinconados, destructivos y autodestructivos, constituyen un punto de partida difícil, y son, a su modo, para bien y más que nada para mal, un destino que no podemos eludir. Donoso vivió el problema con intensidad desgarradora, con una mezcla sorprendente de sabiduría y de ingenuidad, y arrastró en eso a todo su núcleo familiar. El libro de Pilar, su hija adoptiva, es una confesión, un documento, una bitácora excepcional: diario de viaje y diario de vida, examen y autoexamen.





En Correr el tupido velo la autora, que no es escritora profesional, usa con habilidad, con buen sentido de la medida y del ritmo, tres elementos centrales y complementarios: sus propias observaciones, recuerdos, reflexiones; los voluminosos diarios íntimos, apuntes y cartas de su padre; las cartas y notas autobiográficas de su madre adoptiva, María del Pilar Donoso. Desde luego, la obra narrativa y los ensayos y crónicas del novelista, el absorbente jefe de la familia, también forman parte del conjunto, pero entran al texto, por así decirlo, de un modo menos inmediato, como una referencia más bien lejana. Esto tiene una explicación: Pilar leyó la obra de su padre muy tarde y después de su muerte. Antes estuvo distanciada, bloqueada, abiertamente incómoda: uno adivina en diversos episodios que el gran rival, el enemigo potencial de las dos mujeres, la madre y la hija, era la obra del dueño de casa. El trabajo exigía, devoraba, se imponía sobre todo el resto, determinaba horas, salidas, viajes intempestivos, visitas impertinentes, y las dos mujeres de la familia sufrían las consecuencias. Era una situación reiterada, agobiadora, en cierto modo teatral, y ninguno de los tres personajes, desde la perspectiva de un triángulo de teatro, tenía desperdicio.



Hay que reconocer que Pilar Donoso aplicó a estos factores triangulares un manejo dramático incesante. Lo que ocurría, claro está, es que la tensión, las emociones al rojo vivo, en las residencias cambiantes del novelista, en sus diferentes y a menudo sorprendentes escenarios, no decaían nunca. No había que engañarse: ningún cambio de domicilio, ninguna ambientación nueva, podían ser definitivos. En el libro domina una sensación de permanente huida, de inadaptación progresiva y que siempre termina por volverse radical. Si creemos que los tres personajes, por fin, van a descansar, y que así vamos a descansar nosotros, nos equivocamos. Es una historia de ilusiones, de imaginaciones febriles, que tocan de cerca el delirio, y de decepciones. Todo termina y todo recomienza. Vemos al novelista en el proceso apasionado, algo enfermizo, de construir sus casas, sus interiores, sus jardines, y de reconstruirlos después en otra parte. Si toda novela es una arquitectura y todo relato breve una construcción en miniatura, en este libro vemos al novelista en una incansable tarea paralela de creación de interiores, de distribución de colores en un jardín, de elección de telas, estanterías, alfombras, vajillas. El único caso comparable que he conocido en mi vida, por lo menos entre escritores, es el de Pablo Neruda: Neruda llegaba a residir en un lugar y sentía la necesidad imperiosa de transformarlo, de adaptarlo a su estilo. Cuando tuvo que instalarse en el segundo piso de la mansión de la avenida de la Motte-Picquet, la embajada de Chile en París, no descansó hasta que las paredes decimonónicas adquirieron un aire de feria mexicana, de cachureo santiaguino, de juguetería de país de la imaginación. José Donoso era más clásico; a su modo, más exigente. Pero he conocido, desde luego, escritores indiferentes al ambiente, o capaces de convertir cualquier ambiente en acumulación heterogénea, indescriptible.



En muchos pasajes del libro Pilar Donoso nos entrega secretos interesantes, a menudo sorprendentes, de la cocina literaria de su padre. Nos cuenta cómo diseña a cada personaje, cómo concibe las situaciones y las desarrolla, cómo estructura cada texto en su comienzo, su mitad y su final. En esta línea, lo que más me interesó es la descripción de los hechos reales que llevaron a la escritura de “Los habitantes de una ruina inconclusa”, para mi gusto, uno de sus relatos breves más enigmáticos, más sugerentes. Parece que frente a su casa de la calle Galvarino Gallardo, la de su etapa final y probablemente más larga, la del regreso definitivo a Santiago, la ciudad de su nacimiento, había una casa de familia rica donde vivía un pariente canónigo. Como el canónigo se dedicaba a repartir donaciones en comida, en ropa usada, en pequeñas cantidades de dinero, la vereda pronto se vio invadida por los mendigos y los miserables del barrio. Uno podría sostener que se produjo, de manera espontánea, una proliferación donosiana, un crecimiento barroco, una corte de los milagros. En sus años finales el novelista tenía afición a las actitudes magisteriales o patriarcales, una tendencia a la gerontofilia, como me gustaba decirle. Pero esto no excluía su fijación anterior, obsesiva, en los seres de la noche, de las catacumbas. El clochard, el desharrapado, el sin casa, el recolector de basura o de cartones, era uno de los personajes recurrentes de sus galerías ficticias. El detalle de los mendigos de la vereda del frente de la casa de Galvarino Gallardo, que el novelista observaba con intensidad, con fijeza, tuvo un día un agregado mágico. Un atardecer salió con María Pilar a pasear el perro (el infaltable perro de la vida y de las novelas), y encontraron en la calle a un sujeto joven, alto, desgarbado, pálido, de mochila en la espalda, que les dirigió una mirada profunda, que retrocedió y en seguida los sobrepasó. Llegaron a la esquina y el joven estaba parado en el recodo, confundido con unas enredaderas. Pepe se acercó a preguntarle qué buscaba y tuvo la inmediata impresión de que el otro no entendía el castellano. Le habló en inglés y el de la mochila tampoco entendía. Pero el joven dijo, de repente, telephone. Lo llevaron entonces a la casa y le prestaron el teléfono. El sujeto marcó unos números y consiguió entrar en una agitada conversación en una lengua incomprensible.


Otro elemento que sirvió para desencadenar el relato era un libro de antiguas fotografías rusas que se encontraba en la biblioteca, detalle no extraño en un aficionado a la fotografía y a la literatura rusa del siglo XIX y comienzos del XX. Y otro, quizá decisivo: la estructura fantasmagórica de un edificio sin terminar, de obras paralizadas, una especie de ruina inconclusa, que el escritor miraba todo el día desde su estudio en un tercer piso. Todos estos elementos, donde hay una mezcla de
cercanía y a la vez de distancia, de algo incomprensible, se combinaron en el relato. El texto tiene un crecimiento gradual, un planteamiento disperso, un desarrollo y un desenlace a gran orquesta, en que los cabos aparentemente sueltos confluyen. En una parte, la voz narrativa relaciona a los caminantes rusos de la época de los zares con el joven desgarbado, cargado siempre con una mochila, y dice que vivían en la orilla misma del no vivir, pensamiento que Pilar considera clave en la obra de su padre, y estoy enteramente de acuerdo con ella. Donoso aspiró siempre a tener una casa hermosa, a rodearse de gente educada, refinada, de buenos libros, de objetos y cuadros de calidad estética, y uno siente aquí que lo consiguió a medias, con gran esfuerzo y, por encima de todo, con ansiedad, con angustia, con miedo permanente a perderlo. Uno puede pensar, desde lejos, que eran ansiedades perfectamente innecesarias, fantasmas mentales, más que cualquier otra cosa, pero ¿cómo liberarse? Si hubiera tenido más dinero, ¿se habría sentido más seguro, más tranquilo, más confiado? Es imposible saberlo, y queda en pie una gran pregunta: si hubiera tenido más seguridad en todo orden de cosas, ¿habría escrito mejor?



La conversación literaria con Pepe Donoso, que a menudo se iniciaba por teléfono en horas tempranas, era siempre estimulante, incitante, movilizadora. La curiosidad despertaba y uno corría a buscar libros, a escuchar determinadas obras musicales, a ver películas. Era más bien indiferente a la literatura española –no recuerdo que haya citado nunca el Quijote o a los grandes poetas del Siglo de Oro–, pero leía con apasionado fervor las literaturas inglesa, norteamericana, francesa, rusa. Una de sus novelas favoritas era Ana Karenina, de León Tolstói, y descubro en este libro que durante un viaje a Rusia visitó la finca y la tumba del autor en Yasnaia Poliana. Releía con frecuencia a Marcel Proust y era proclive a comparar a seres chilenos reales con personajes de la Recherche, lo cual se podía convertir con facilidad en un ejercicio malicioso y hasta insidioso, ya que el tema de la homosexualidad de algunos conocidos suyos entraba en juego. Eso le dio materia para un cuento de gente como Charles Swann, Odette de Crécy o el barón de Charlus, reunida en tugurios y salones santiaguinos de los años cincuenta. Al final de su vida era un gran aficionado a las biografías literarias, y eso le permitía hablar con una curiosa familiaridad de autores como Henry James, León Tolstói, Iván Turgueniev, Lord Byron o el propio Proust. Estaba, a su modo, en un interminable diálogo con escritores como ellos. Sus descubrimientos y redescubrimientos eran entusiastas y provocaban conversaciones, comentarios, que duraban días y semanas. Le gustaba estudiar la vejez de los artistas célebres, y parecía que eso le daba fuerzas para trabajar y no deprimirse en su edad avanzada. En sus últimos años descubrió con sorpresa ingenua Rayuela, de Julio Cortázar, que por algún motivo no había leído en la época de su salida. Su entusiasmo se parecía al de los que leímos la novela en el tiempo de su aparición, a fines de la década de los sesenta. Algunos habíamos perdido ese entusiasmo, al menos en parte, y él, con sus ojos azules, brillantes, lo resucitaba.


En un prólogo reciente a sus Poemas de un novelista hablé de la relación más bien intermitente, espaciada, contradictoria, de Donoso con la poesía. Pilar entrega algunos datos adicionales, sobre todo en lo que se refiere a poetas inglesas y a Rainer Maria Rilke. Creía que los grandes escenarios eran apropiados para la novela, no para la poesía, y por eso desconfiaba de la obra de John Milton. No estoy en absoluto de acuerdo, pero ahora pienso que hablamos poco de poesía y que nunca discutimos este punto. Sin escenarios vastos, cósmicos, de pura y desatada imaginación, no podría existir La Divina Comedia. Y declaró que durante algún tiempo se había aburrido con Rimbaud, cosa que me parece sorprendente. No creo que exista en la historia de la literatura un poeta menos aburrido que Jean-Arthur Rimbaud. Pero los juicios críticos de los escritores son casi siempre arbitrarios, parciales, adaptados a las necesidades de su propia obra.



En resumen, José Donoso era un lector nato que nunca en su larga vida perdió la curiosidad y dejó de leer, fenómeno que suele ocurrirle a otra gente del oficio, y fue un escritor literario por los cuatro costados. Tenía toda clase de aristas, obsesiones, paranoias, pero, al menos en mi experiencia personal, pienso que lo salvaba un gran sentido del humor. En 1962, cuando él estaba recién casado y yo partía con mi mujer a Francia, con un flamante nombramiento de secretario de embajada, me dio una cena de despedida. Al final de la reunión, entre risas y copas, me dijo lo siguiente: “Ahora te vas a París, vas a pasarlo formidablemente bien y no vas a escribir una sola línea más.” Parecía muy contento con esta perspectiva. Me dio un par de cartas de presentación, una de ellas a un ex compañero de la Universidad de Princeton, Aymé de Viry. En las elegantes fiestas de Aymé en un segundo piso del séptimo distrito, el Septième Arrondissement, había mujeres jóvenes, de grandes escotes y magníficas espaldas, y señoras mayores, bigotudas, que se sentaban en una esquina y fumaban enormes puros. Hablaban con acento extranjero, con erres marcadas, como miembros de la aristocracia rusa en el exilio. Pepe escribía cartas para cerciorarse de que yo asistía a esas fiestas y perdía mi tiempo en la forma esperada. Pero después, claro está, nos reíamos de esas tácticas y esos cálculos.


El libro de Pilar Donoso revela detalles interesantes, de primera mano, sobre las memorias de su padre, Conjeturas sobre la memoria de mi tribu, que provocaron una muy chilena indignación en algunos miembros de su familia y terminaron en un fenómeno frecuente en Chile: la autocensura, la ocultación de la memoria y quizá de la fantasía memoriosa. A Pepe le gustaba mucho contar la historia, verdadera o imaginaria, de una bisabuela suya, Enriqueta Ponce de León, la Peta Ponce, madre del famoso Eliodoro Yáñez, abuelo suyo por el lado materno, parlamentario liberal, eterno candidato a la presidencia de la República, fundador y dueño del diario La Nación. Alguien había inventado el término eliodorítico a propósito de los artículos y páginas editoriales de don Eliodoro: textos donde el autor se las ingeniaba para que no se conociera nunca su verdadera posición, para quedar bien con un lado y con el lado contrario. Pepe contaba que su bisabuela, doña Enriqueta, la Peta Ponce, en periodos de dificultades económicas, traía mujeres jóvenes del lado argentino de los Andes, alquilaba unas carretas con bueyes y, en compañía de los hijos suyos, se internaba en los campos de nuestro Valle Central y ofrecía estas jóvenes argentinas a los hacendados ricos. Donoso tuvo la ingenuidad de enviarle el manuscrito de estas memorias a un pariente cercano, descendiente también de doña Enriqueta y de don Eliodoro, y ardió Troya. Recibió cartas de violenta amenaza, de ruptura, y el anuncio de una querella criminal ante los tribunales. Habló conmigo, supongo que entre otras personas, me mostró el texto completo, y le dije que lo publicara tal cual y aguantara el chaparrón. Claro está, era más fácil decirlo que hacerlo. En Correr el tupido velo Pilar sostiene que las historias de la Peta Ponce eran ficción, imaginación pura, y que también le pidió a su padre que las publicara sin expurgar. Pero el novelista estaba cansado, enfermo, y no tenía carácter para dar estas batallas. Les confesó a sus íntimos que no podía, que no tenía fuerzas, y las Conjeturas fueron publicadas poco después de su muerte y con setenta páginas menos. Pensé, por mi parte, en los innumerables casos de censura y de autocensura que han existido en la literatura chilena: diarios íntimos, memorias y hasta novelas expurgados por las familias, quemados, hechos desaparecer de la manera más expedita posible. Álvaro Yáñez, tío del escritor, que firmaba sus escritos como Juan Emar (de la expresión francesa j’en ai marre, tengo fastidio), se salvó de la censura porque sus novelas de los años treinta del siglo pasado en adelante, cercanas al surrealismo, al género fantástico, resultaban ininteligibles para los inquisidores familiares. Hoy día es uno de los autores más estudiados y leídos de nuestra vanguardia estética, junto a su amigo Vicente Huidobro y al Neruda de Residencia en la tierra.



El libro nos habla de los amores otoñales del novelista con mujeres conocidas del Santiago de su vejez. Eran mujeres mundanas, elegantes, guapas, de buena compañía. En un caso, me habló de una señora buenamoza, separada de su marido, y me preguntó si sería posible para él. Me reí, me encogí de hombros y pregunté algo. Supe que la señora en cuestión, libre, pero católica fervorosa, tenía un amante secreto. Ahora no recuerdo si conseguí transmitirle la información a Pepe. A él le gustaba asistir a salones de té, a conciertos, a funciones de cine, en compañía femenina. Me parece que recibió mi información y cambió de inmediato, sin el menor drama, su proyecto con respecto a la señora observante y disimulada. El novelista había tenido amigas elegantes, aficionadas a la lectura, desde siempre. Con respecto a una de ellas, resolvió que era demasiado fría, demasiado perfecta, peligrosamente criticona, y tomó distancia. Su hija lo cuenta con algún detalle, no se sabe si con perfecta indiferencia o con sentido del humor. Era el lado Henry James de José Donoso, el lado Marcel Proust. Mantener ese lado en el remoto Santiago de Chile, con el esfuerzo y la perseverancia con que él lo mantenía, no dejaba de ser una hazaña social y humana.



Otro aspecto interesante de estas memorias de Pilar Donoso, ya que es un libro de memorias triples, unificadas por el tema de la escritura y el desarraigo, es el de la relación obsesiva del novelista con la enfermedad. Es, a la vez, un constante proyecto de ensayo de Donoso sobre el tema, una descripción de su hija, una memoria viva: la enfermedad en Thomas Mann, en Kafka, en Marcel Proust, en el propio Donoso. Le faltó hablar sobre la epilepsia de Dostoievski, de Gustave Flaubert, de Joaquim Maria Machado de Assis, pero anduvo muy cerca. Y el enfermo principal, de nuevo, era él mismo. Hasta extremos inverosímiles. Y salpicado de consultas informales con el padre y los dos hermanos médicos. Al final, luchó como un loco, en forma desesperada, quijotesca, para prolongar el tiempo de vida que le quedaba y seguir escribiendo, enriqueciendo su obra, como le escuché decir, y atendiendo compromisos literarios. En conclusión, José Donoso no descansó ni un minuto de su vida de su destino de escritor. Era su gloria y su cruz. Tuvo epifanías extraordinarias, minutos de inspiración, de felicidad, pero casi siempre trabajó y sufrió como un condenado a galeras.


El libro de Pilarcita, su hija, es descarnado, franco, y es, por contradictorio que esto parezca, un libro de amor: amor salpicado por el odio, en conflicto, en minutos de franca guerra hogareña, pero constante, apasionado. Pilar nos habla del egoísmo, de la paranoia, de la avaricia de su padre. Pero revela que Donoso era contradictorio hasta en la avaricia: cada vez que le exigían dinero, se cerraba como una ostra y se ponía furioso, pero después tenía gestos de magnanimidad, de generosidad enteramente gratuita. También nos habla, Pilar, de las tendencias homosexuales que José Donoso disimuló y ocultó a lo largo de su vida en forma tenaz. Hoy no habría escándalo, pero tenemos que entender el asunto que molestaba al novelista: odiaba, y con justa razón, que lo clasificaran, que le pusieran el rótulo de homosexual, sobre todo en el venenoso y envidioso mundillo chileno. Era más que eso, y era otra cosa, y defendió hasta el último suspiro (como habría dicho su amigo Luis Buñuel) su complejidad humana, su individualidad, su condición de artista independiente e inclasificable, en medio del coro homófobo, provinciano, reducidor, de sus coterráneos. En el testimonio de su hija, el novelista sale muy bien parado y el coro de la maledicencia nacional queda a la altura que merece, en las letrinas criollas.


Fuente: http://www.letraslibres.com/index.php?art=14419