domingo, 9 de enero de 2011

Gabriela Mistral (Carta de Victoria Ocampo a su hermana Angélica)


Con motivo de cumplirse un año más de la muerte de Gabriela Mistral, transcribo una interesante carta de Victoria Ocampo a su hermana Angélica en la que relata cómo vio a la poeta en sus últimos días de vida en su casa de N. York, esta misiva  es parte de la nota 42 página 287 del libro "Gabriela Mistral - Victoria Ocampo - Esta América Nuestra - Correspondencia 1926 -1956"

Victoria Ocampo fue a Nueva York y visitó a Gabriela Mistral en su casa y luego en el hospital. En Diciembre de 1956 escribe una carta a su hermana Angélica describiendo la visita: “Ayer por la mañana fuimos con Victoria Kent y Louise (Crane) a Roslyn (Long Island) a ver a Gabriela. El lugar donde vive (donde se está muriendo), es precioso, lleno de árboles y de casitas suficientemente espacées para no molestarse mutuamente). La suya –la de Doris, que lleva junta a ella una vida de abnegación filial que rara vez se da en forma tan absoluta y está sobre a hill. De cada cuarto (con ventanas modernas que toman todo un “pan” de pared casi entero; otras están como a un metro 70 del suelo, son angostas y largas, y dan toda la vuelta del cuarto) se ven los bosques circundantes; en realidad son más bien plantación de árboles con espacio entre ellos, de modo que no se ahogan. A lo lejos, hay algo así como unas colinas …
La casa moderna, con su buen garage y un envidiable auto delante de él (Angélica averíguame si se puede llevar auto) está rodeada de un jardín sin verja, a la americana. Dentro, tiene cuartos de buen tamaño, excelente cocina y una calefacción de los mil demonios, como toda casa americana cuya temperatura he podido experimentar (yo me ahogo con esa calefacción de incubadora. En casa de Crane vivo abriendo mi ventana, la que deja entrar por cierto un chiflón glacial y viven cerrándomela en cuanto salgo de mi cuarto).

La flacura y debilidad de Gabriela son de campo de concentración. Estaba en cama, con un camisón de una especie de franela rosada. Un indio. Todo lo indio se le ha acentuado con la enfermedad: el color, la lentitud de los movimientos, la inmovilidad de la cara donde sólo la boca se entreabre con dificultad, parecería para dejar pasar una voz debilitada y palabras titubeantes.
Me vio con placer. Pero el tiempo ya no existe en su cabeza. Quiero decir que mezcla todas las épocas. Me preguntaba: “Dónde irá a parar Italia?”. Pensaba supongo en la Italia de Mussolini. Y a la otra Victoria le decía que en España acabarían por vencer (pero no recuerdo los términos).
Ha guardado su hablar pintoresco. De las cosas diarias puede conversar sin desvariar: la comida, que no tiene ganas de comer; el cigarrillo que quiere … y luego ni fuma; el gato, o la gata que es muy enamorada, etc. Tenía entre las manos un paquete de cigarrillos. Sacaba un cigarrillo tras otro, elle les roulait entre sus dedos y caían después sobre la colcha. Y volvía a sacar otro cigarrillo como si no de diera cuenta de que ya había sacado varios. Cuando encendió uno, de pronto lo tomó por el lado encendido, sin fijarse (es decir que casi puso la mano sobre la punta encendida). De pronto, se levanta lentamente de la cama y, en su camisón de franela rosada, con medias de lana rojas en lugar de zapatillas, empieza a vagar hierática por los cuartos. El camisón cae sobre el cuerpo como si el cuerpo no existiera y fuera sólo una percha con una cabeza en vez de gancho. El gato se trepa por la cama y ella lo mira como una sonámbula. No me preguntó por todo lo que había sucedido en la época de Perón. Ella que tanto quería saber cosas y que tanto pedía detalles… no hizo alusión a la cárcel. Me dijo que no salía nunca, que no se movía de la casa (hacía 4 días que había regresado de una clínica). En fin, es un espectáculo doloroso. Gabriela tiene esa inquietud propia de la gente que está próxima a la agonía. Pero no se da cuenta de nada. Claro que conoce a la gente (ayer por lo menos): me pidió que me quitara los anteojos para verme los ojos. Yo no sabía qué decirle, ni qué actitud tomar. I am no good with ill people. Me cohibo.
Almorzamos allí. Con esto quiero decir que Louise y Doris fueron a comprar unos de esos hamburgers, que detesto, un cake que parecía de perfumería (el tipo de cake americano incomible) y queso (el queso estaba bien). Comimos sentadas en el cuarto de Gabriela, pero como se cansó, fuimos a tomar el café al living room. Es realmente tristísimo que acabe así… un poco en la línea de sonambulismo de toda su vida, pero como en siniestra caricatura de sí misma. No quiere comer. No duerme (…)

A las 3 y media yo me volví a New York y Victoria K. y Louise siguieron a Connecticut, para pasar el domingo en la casa de campo de Louise. Yo no quise ir porque no quiero hacer las valijas por el momento. (Cartas a Angélica, 101-103)


Gabriela Mistral  (Vicuña, Chile 7 de abril de 1889 - Nueva York 10 de enero de 1957)




4 comentarios:

Anónimo dijo...

Lu, gran investigadora. Realmente interesantes los documentos que das a conocer.Acercan más a Gabriela

Luisa García: dijo...

Doña Gabriela se ha convertido en un gran motivo de investigación, leo todo lo que cae en mis manos sobre ella, una mujer realmente interesante, una "escribidora" profesional de cartas, en ellas a distintos destinatarios está su verdadera biografía.

Eva Magallanes dijo...

Tengo a Gabriela muy presente siempre, pero ahora más pues terminé hace poco Niña Errante... descarnada descripción de su viaje a la muerte hace la Ocampo. Excelente documento Luisa!... tu blog debiese llegar a muchas más personas!
besossssss

Luisa García: dijo...

Niña Errante es un excelente documento de la demandante Gabriela, rogar por visitas, ayuda doméstica, literaria, compañía, libros, en fin, todas sus cartas fueron una eterna petición de afectos y correspondencia.

No tengo espíritu "marketero" pero los que vienen, por suerte, se llevan siempre una buena impresión de este blog.

Eva, un gran abrazo, me alegró saber de ti.