miércoles, 14 de abril de 2010

NARRADORES SIN FRONTERA - Hernán Rivera Letelier último producto de exportación




Desde Isabel Allende a Diamela Eltit, pasando por Ampuero, Simonetti, Guelfenbein, Skármeta y Bolaño, son muchos los escritores chilenos que han conseguido un lugar en la escena mundial de las letras. El Premio Alfaguara de Novela que obtuvo esta semana Hernán Rivera Letelier es un aporte más a la internacionalización de nuestra literatura a través de diversos caminos.

por María Teresa Cárdenas

"Me parece un gran escritor, y la fiebre que ha desatado es de un nivel intelectual bastante alto. Pero si lo mencionas en la calle, nadie sabe quién es". Lo dijo Isabel Allende, la escritora superventas, reconocida y admirada por lectores y transeúntes del mundo, refiriéndose al conocimiento en Estados Unidos de Roberto Bolaño, nuestro más célebre escritor de culto, una exportación no tradicional cuya temprana muerte -ocurrida en 2003, a los 50 años de edad- fue un aporte extraliterario -y dramático- a su descubrimiento dentro y fuera del país. Dos narradores que al cabo de los años han venido a convertirse en nuestras principales cartas de presentación en el concierto internacional de las letras, ese donde Pablo Neruda y Gabriela Mistral -y con ellos la Poesía chilena con mayúsculas- han llevado la batuta.

Entre uno y otro, sin embargo, hay numerosos nombres y estilos. Y también varios caminos para llegar a Roma... y a muchas otras capitales del mundo.

Después de un primer paso bastante obligado, contar con un agente literario, Guillermo Schavelzon -precisamente uno de los más conocidos en el mundo hispano después de Carmen Balcells y el que más chilenos tiene en su cuenta- establece algunos requisitos para internacionalizar una obra literaria. Según él, es necesaria "una calidad literaria de excepción, o un éxito de ventas enorme. Lo que no indica que teniendo una u otro haya garantías". Y va más allá: "Diría que todo depende de poder encontrar al editor o la editora, no la editorial, capaz de entusiasmarse; de la coyuntura económica y comercial (hay momentos en que las editoriales corren más o menos riesgos: hoy, ninguno); de saber presentar la obra como corresponde (trabajo del agente), y de un porcentaje de imponderables mayor del que imaginamos".

Pero hay otros impulsos nada despreciables, como los premios literarios. Ganador del XIII Premio Alfaguara de Novela por su libro inédito El arte de la resurrección , Hernán Rivera Letelier no sólo recibirá 175 mil dólares (cerca de 93 millones de pesos): además verá su obra publicada en toda Hispanoamérica en el mes de mayo.

Schavelzon, agente de Rivera Letelier -así como de Roberto Ampuero, Pablo Simonetti, Carla Guelfenbein, Marcela Serrano, Elizabeth Subercaseaux, Alberto Fuguet, Jaime Collyer, Mauricio Electorat, Sergio Gómez, entre otros-, reconoce que "un premio internacional ayuda mucho, en todos los sentidos. Es una excelente excusa para un lanzamiento con fuerte inversión, y se hace más atractivo para los medios". Sin embargo, advierte que Rivera Letelier "es ya conocido en muchos países y en otros idiomas", lo que es una muestra, según él, de que la temática local no dificulta la difusión. Porque sus novelas, puntualiza Schavelzon, "no sólo transcurren en Latinoamérica, sino concretamente en Chile y en el desierto pampino, con personajes que uno no podría imaginar en otro sitio".

Cuál es el secreto, entonces: "Hernán Rivera tiene una escritura creativa, que no pone dificultades al lector. Estoy seguro de que no piensa en sus colegas ni en los críticos ni en los académicos cuando escribe. Eso los lectores lo agradecen. En todos los idiomas".

Pero es el propio Rivera Letelier quien pone matices respecto de su experiencia con los lectores extranjeros: "Buenísima en Francia e Italia; buena en España y Latinoamérica; no tan buena en el resto del mundo". Y respecto del premio, espera que le ayude en Estados Unidos, "donde aún no he podido entrar". Sin embargo, sobre las dificultades con la traducción, dado su estilo barroco y lleno de giros locales, dice que han sido "más bien pocas; las palabras y los dichos complicados los trabajo junto a los traductores".

Opinión que confirma Anne Marie Métailié, su editora francesa: "Publicamos a Hernán desde 1997 con La Reina Isabel; hasta ahora hemos presentado seis títulos con una importante recepción de la prensa literaria. El éxito le debe mucho al talento de su traductora (Bertille Hausberg), quien supo encontrar una lengua que preserva el sabor de los textos tan particulares de Hernán. Sus libros no son best sellers en Francia, pero se venden bien y tienen lectores fieles".

Premios y premios

Pese a que ya tenía un nombre reconocido en el extranjero, el Premio Planeta de Novela que Antonio Skármeta obtuvo en 2003 por su novela El baile de la Victoria logró la ampliación de su circuito de lectores. "El premio trae consigo ediciones masivas, lo que significó que la obra tuviera mucha visibilidad. Siempre un premio es relevante y arroja beneficios de popularidad hacia los libros anteriores y posteriores del autor. Todos se benefician de este interés y dejan al escritor y a su agente en mejores condiciones", afirma.

Y aunque admite que hay premios de distinta índole, algunos más apreciados por la crítica -él mismo ha obtenido el Grinzane Cavour (2000) y el Premio Medicis (2001), ambos por La Boda del Poeta como Mejor Novela Extranjera publicada en Italia y Francia, respectivamente-, rechaza la distinción entre el reconocimiento al libro masivo y al de calidad. "Hay obras de gran calibre, aceptadas por la crítica y bien vendidas. Otras que son de mucha complejidad y que tienen menos lectores. Y está bien que coexistan". Contento por el Premio Alfaguara otorgado a Hernán Rivera Letelier, dice que "lo han obtenido muy buenos escritores".

Lo cierto es que los premios de editoriales siempre despiertan sospechas. Y no es extraño si se consideran algunos de sus efectos "colaterales": asegurar a un autor en la editorial que ya lo publica, tentarlo a que se cambie definitivamente a la editorial que va a sacar la novela ganadora, prestigiar el premio otorgándoselo a un autor de renombre. Sobre estos dos últimos efectos se especuló en el caso de Jorge Edwards, quien en 2008 obtuvo el Premio Planeta-Casa de América -dotado en ese momento nada menos que con 200 mil dólares- por La casa de Dostoievsky . Habrá que ver con quién publica su próxima novela -que ya parece estar lista- este escritor distinguido con el Premio Cervantes en 1999 y hace unos días con la nacionalidad española.

A la conquista de los mercados

Pero hay casos en que las editoriales son más directas y sencillamente acuden a la "grúa" cuando les interesa el volumen de ventas de un autor. Lo habitual es que ese escritor también tenga proyecciones en el exterior, por lo que, aparte de una contundente suma como anticipo, le ofrecen una mayor "cobertura" internacional. Lo más relevante hasta ahora ha sido la gestión de editorial Norma, que de Planeta se llevó hace un par de años a Roberto Ampuero - El caso Neruda - y a Pablo Simonetti - La barrera del pudor -, ofreciéndoles a ambos sumas equivalentes a los premios citados: entre 170 y 200 mil dólares.

Más discreta, aunque igualmente atractiva, fue la oferta que recibió Carla Guelfenbein para abandonar Alfaguara e irse a Planeta, donde publicó en 2008 El resto es silencio -después de El revés del alma y La mujer de mi vida -, que ya cuenta con traducciones al inglés, francés, alemán, italiano, holandés y portugués. La mujer de mi vida , en tanto, ha conseguido 15 traducciones, incluido el codiciado inglés (con distribución a Canadá, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelandia, Inglaterra).

Madre que estás en los cielos y La razón de los amantes , de Simonetti, fueron distribuidas por editorial Planeta en Argentina, Colombia, México, Perú y Venezuela. Norma amplió el circuito a todos los países donde la editorial colombiana tiene sede -14 en total- e integró a España en los viajes de promoción. A seis meses de su publicación, La barrera del pudor cuenta con 60 mil ejemplares publicados en español; 25 mil de ellos distribuidos en España y Latinoamérica. Asimismo, las dos primeras novelas están publicadas en Italia, Brasil, Grecia, Israel y Holanda, y las mismas editoriales, más otras tantas, ya han manifestado su interés en traducir La barrera del pudor , por la cual acaba de firmar un contrato con una editorial taiwanesa.

Después del boom literario de los 60, la Madre Patria parece no haber perdido su rol estratégico. Según Guillermo Schavelzon, "España es el paso de todos los latinoamericanos hacia Europa. Porque aquí está el centro de decisión de la edición en castellano, aquí están las agencias literarias, y por aquí pasan los editores extranjeros. Además, hay que tener en cuenta que en España se venden 18 veces más libros que en Argentina, 36 veces más que en Chile, en fin, que este es un mercado enorme. Esto no es solamente algo comercial, es un problema de culturas centrales y culturas excéntricas, tan bien explicado por Bourdieu".

En España, además, se concentran las corresponsalías de prensa, representaciones de ferias y oficinas de gestión cultural europeas, lo que genera aún más contactos para los escritores y la posibilidad de ser invitados a eventos literarios, un paso complementario en este camino internacional.

El crimen paga

"Estoy consciente de que ha sido el éxito de mis libros en Chile lo que ha despertado el ojo de las editoriales de otros países", ha dicho Roberto Ampuero, quien, con su detective Cayetano Brulé y también con dos novelas al margen de la saga policial - Los amantes de Estocolmo y Pasiones griegas -, ha conquistado ampliamente los mercados internacionales. Radicado en Iowa, Estados Unidos, después de una vida que lo ha llevado a varios destinos en el mundo, sus novelas han sido publicadas en América Latina y España, y han sido traducidas al alemán, francés, inglés, italiano, chino, sueco, portugués, griego y croata.

En el mismo género policial aunque con menos volumen de ventas, Ramón Díaz Eterovic, creador del detective Heredia, tiene varios de sus libros publicados en España, Italia, Francia, Alemania, Portugal, Grecia, Croacia, Holanda y México.

Otro autor que ha incursionado en el género policial es Luis Sepúlveda, hoy radicado en Gijón, donde cada año se celebra la Semana Negra. Con una aventurera biografía, en la cual muchos reconocen su gran capacidad de fabulador, Sepúlveda logró el estrellato con su novela Un viejo que leía novelas de amor , publicada por Tusquets en 1992, traducida a 14 idiomas y de la cual se dice que ha vendido 18 millones de copias. Premio Primavera de Novela 2009 por La sombra de lo que fuimos , se le ha distinguido además como Caballero de las Artes y las Letras de la República Francesa.

También radicada en el extranjero, en Estados Unidos, Elizabeth Subercaseaux obtuvo en 2009 en Alemania el Liberaturpreis con Una semana de octubre , de pronta reedición en Chile. Según su agente, la novela Un hombre en la vereda será llevada al cine en los Estados Unidos y con ella abre una serie policial con los títulos Asesinato en Zapallar , Asesinato en La Moneda y Asesinato en Vitacura.

SUPERVENTAS MUNDIAL

ISABEL ALLENDE EN CIFRAS

Más de 12.000.000  número de copias vendidas en el mundo de  "La casa de los espíritus".

Más de 56.000.000  copias vendidas de todos sus libros.


Resonancia académica
No sólo el volumen de ventas o los premios han permitido que los autores chilenos sean conocidos más allá de las fronteras. También las universidades y la crítica académica les han otorgado en algunos casos un sitial de privilegio. Es el caso de Diamela Eltit, Global Professor de escritura creativa en la Universidad de Nueva York, hasta donde se traslada en septiembre y durante cuatro meses.

El peruano Julio Ortega, crítico literario y catedrático de la Universidad de Brown -donde creó el programa de Estudios Transatlánticos-, afirma que "los libros de Diamela Eltit se estudian y leen en las universidades norteamericanas más que los de cualquier otro autor chileno, en español y en su traducción al inglés. Hay más ensayos sobre su obra que de Isabel Allende -explica-. Pero son dos mundos de lectores aparte, el universitario y el general". Para Ortega, Diamela Eltit "representa la capacidad de consistencia, de comunicar una inmediata veracidad, pero también la hoy rara integridad literaria".

Traducida a varios idiomas y publicada en prestigiosas editoriales -Suhrkamp, en Alemania; Marcos y Marcos, Italia; Denöel, Francia, y Grove Atlantic Press, Estados Unidos, más Planeta para Chile y el cono sur, y Anagrama en España-, Tengo miedo torero (2001) situó a su autor, Pedro Lemebel, en las ligas internacionales de literatura. Sin embargo, también ha conquistado las aulas académicas. Así, en 2004 fue invitado a la Universidad de Harvard como conferencista y en 2007 participó en un simposio que le dedicó a su obra la Universidad de Stanford.

Fuente: emol.com 28.03.2010

sábado, 6 de marzo de 2010

A UNA SEMANA DE LA TRAGEDIA CHILENA



A una semana de ocurrida la tragedia del terremoto y posterior maremoto en buena parte del territorio chileno, aún miramos incrédulos la magnitud de lo acontecido. Son miles de millares a los que la naturaleza despojó de todo bien - familia, seres queridos, casas, pueblos y ciudades, hemos vivido situaciones que nunca hubiésemos querido ver: en un momento emergió todo lo bueno y todo lo malo que se anida en los seres humanos.


Hoy, a ocho días del caos, ha vuelto la calma, todo se pone en relativo orden y los chilenos nos ponemos de pie, porque hemos escogido ponernos del lado de los que miran el futuro con fe y esperanza, aunque por dentro tengamos el alma herida por todos quienes sufrieron los rigores de la naturaleza.

En los días precedentes no había podido expresar con claridad mis sentimientos, fue tan grande el impacto de lo sucedido, fueron tantas las horas de ver y no creer, que me ha costado hilar los sentimiento que se anidan en mi corazón. Ni una sola lágrima he podido derramar porque parece que el pecho se me hubiera secado de tanto dolor.

Es hora de recapitular, de reflexionar, y dejar que la serenidad regrese a cada uno de los hogares de mi país, ver la solidaridad, la fuerza y el esfuerzo de jóvenes, de niños, de adultos y ancianos por poner en orden lo que la madre natura desordenó con furia la madrugada del sábado 27 de febrero cuando todo estaba dispuesto, en muchas ciudades, para una fiesta de celebración de fin del verano. Es hora de erguirnos con vitalidad, de sacar lección de este golpe tan grande y de trabajar unidos, con espíritu e integridad para levantar las aldeas y ciudades y la moral de cada uno de nosotros.

Ruego por los que lo perdieron todo, porque tengan algún día el consuelo necesario para superar la pérdida irreparable de sus seres queridos y porque vuelva a brillar esa luz de esperanza que debe acompañar a todo hombre de buena voluntad.

Por último quiero agradecer los correos de tantos amigos extranjeros que han expresado su solidaridad y preocupación por esta servidora y amiga.

Luisa García

sábado, 6 de febrero de 2010

TOMAS ELOY MARTINEZ




El legado imborrable

Tomás Eloy Martínez (1934-2010)

La separación entre la obra literaria y la periodística de un autor siempre es artificial, y más aún en el caso de Tomás Eloy Martínez, que hizo de las rimas y correspondencias entre ambos mundos (que son uno solo) el eje de su obra y la fuente de su encanto. En las líneas que siguen nos ocuparemos sólo de sus novelas, olvidando sus extraordinarios libros periodísticos. Al fin y al cabo eso es la novela: el arte de olvidar que existe otro modo de contar las cosas.

Su primera narración fue Sagrado (1969), que en su cuidadosa elaboración de los recuerdos, en su trabajo con el lenguaje, pertenecía menos a la tradición argentina que a la del barroco latinoamericano representado por Lezama Lima, cuyo juego consistía en hacer del pasado una penumbra hecha de palabras. Y sin embargo, aunque parezca más fiel a su época que al futuro de su autor, ciertos rasgos de la escritura experimental no lo abandonaron: el discurso indirecto libre, la profusión de imágenes en las que la imaginación de los personajes se confunde con la realidad, la irrupción de sueños, la exposición de los hechos en un orden no cronológico. TEM siempre miró a la distancia ese libro con ironía, aunque recordaba con mucho afecto las críticas elogiosas que Augusto Roa Bastos le había dedicado.

Sagrado fue un comienzo, pero los escritores no empiezan sólo una vez. Tuvo, muchos años más tarde, otra primera novela, La novela de Perón (1985). Entre un libro y otro habían pasado muchas cosas: la participación de TEM como un protagonista decisivo de la modernización del periodismo argentino a partir de fines de los años sesenta (fue editor de Primera Plana y de La Opinión Cultural ); la aparición, en tiempos violentos, de La pasión según Trelew (1974), crónica de la masacre de miembros del ERP; el urgente exilio. Y luego los años vividos en Venezuela y Estados Unidos y el regreso. La reedición argentina de Lugar común la muerte (volumen de crónicas publicado originalmente en Caracas en 1979) y La novela de Perón lo ubicaron de pronto en el centro de la literatura argentina. La novela apareció por entregas, como una separata, en El Periodista , la revista que editaba Andrés Cascioli. Después se convirtió en un libro de tapas azules de Legasa, que dirigía entonces ese gran editor que es Jorge Lafforgue.

El momento final de la dictadura y los primeros años de la democracia fueron momentos de un excepcional fervor cultural. Aparecían nuevos medios, como El Periodista , Página 12 o El Porteño . La revista Fierro , dirigida por Juan Sasturain, se ocupaba de ubicar la historieta en un lugar de importancia en la cultura argentina y rescatar la obra de Héctor Germán Oesterheld (y la de sus dibujantes, Solano López y Alberto Breccia) como algo esencial de nuestra narrativa. El cine reencontraba a sus espectadores y Adolfo Aristarain, Fernando Ayala, María Luisa Bemberg, Luis Puenzo, Fernando Solanas, Héctor Olivera y Eliseo Subiela llenaban las salas, con películas como El exilio de Gardel , La historia oficial , Hombre mirando al sudeste o Camila . La extraordinaria Maratón de Ricardo Monti, con puesta de Jaime Kogan, cuyo idioma cifrado ya resonaba en tiempos de pleno Proceso, se convertía en un clásico de nuestro teatro. Libros que habían circulado casi secretos, como Nadie nada nunca , de Juan José Saer, y Respiración artificial, de Ricardo Piglia, ganaban nuevos lectores. Las obras de Griselda Gambaro, con sus metáforas de la opresión, volvían a ser representadas. Los lectores, después de ignorar largo tiempo nuestra literatura, buscaban recuperar el tiempo y las páginas perdidas. La editorial Bruguera publicaba a Juan Martini, a Tomás Eloy Martínez, a Humberto Costantini, a Osvaldo Soriano, a Antonio Di Benedetto. El Centro Editor de América Latina, afectado durante la dictadura por una gigantesca quema de libros, volvía a acercar a los lectores la obra de Andrés Rivera, Héctor Tizón y Daniel Moyano.

En ese clima de reencuentro de la literatura argentina con sus lectores apareció La novela de Perón , donde el autor utilizaba su habilidad y experiencia como periodista para crear, a partir de la violenta jornada de Ezeiza, un cuadro sombrío de nuestra historia. Ya desde sus primeras páginas asombraba la figura de ese Perón cansado, casi espectral, que volvía a la Argentina menos por voluntad de poder que para cumplir con un destino que él mismo no terminaba de comprender. Todos actuaban en su nombre, pero él no sabía el nombre de nadie, y el autor lo mostraba estrechando manos desconocidas, como si habitara un dilatado malentendido. El autor elegía para retratar a Perón la historia de su regreso interrumpida por algunos fogonazos de su juventud: así, los momentos clave de su vida política sólo llegaban a modo de profecía o nebuloso recuerdo. Como en Lugar común la muerte , TEM elegía la cercanía del fin como instrumento para narrar la historia. El maestro de ceremonias de la pesadilla era López Rega, cuyo hermetismo banal aparecía retratado con todo detalle. Al fin y al cabo los oficiantes del ocultismo y los novelistas trabajan de manera similar, buscando en la casualidad conspiración, en los detalles destinos y en la proliferación informe de la realidad un diseño secreto.

La mano del amo (1991) sirvió como paréntesis entre las dos novelas dedicadas al peronismo. Era una historia intimista, el relato de un cantor de voz perfecta que se ve hostigado por su madre, por sus gatos infinitos y por una casa que parece estar viva. El protagonista, Camargo, se llama igual que el periodista de El vuelo de la reina , a quien además se atribuye una novela llamada La mano del amo . Es la descripción de un mundo familiar contada con extrañeza, hasta el límite mismo de lo fantástico. El mundo familiar nunca aparece retratado como lugar de felicidad sino de opresión; también en sus novelas "políticas" las casas que aparecen siempre son sombrías, asfixiantes, silenciosas, como si guardaran luto por alguien muerto largo tiempo atrás.

En 1989 TEM inicia, luego de una depresión (al menos es lo que cuenta en el epílogo del libro), Santa Evita (1995) que completa La novela de Perón . Allí se cuentan las increíbles peripecias del cuerpo de Evita como si se tratara de la historia de una maldición. Todas las historias de maldiciones egipcias, con sus jeroglíficos premonitorios, sus momias escondidas y sus arqueólogos fulminados por males imprevistos, son nada comparados con el halo de locura y muerte que siguió al recorrido de este cuerpo. Mientras que en La novela de Perón los elementos mágicos aparecían del lado del peronismo, en Santa Evita los servicios secretos de la Revolución Libertadora despliegan unas fuerzas sobrenaturales que no tienen nada que envidiar a sus rivales. Siempre ha habido una pasión de los servidores del Estado por el secreto, las maniobras nocturnas, los códigos cifrados; pero aquí esa pasión abandona su precaria racionalidad y entra de lleno en un mundo regido por fuerzas oscuras. El camino que va de un código secreto al tablero ouija es muy corto.

Tomás Eloy Martínez había entrevistado largamente al mismo Perón durante su exilio en Madrid y había tratado de hacerlo hablar de Evita; pero siempre López Rega interrumpía la conversación para conducirla hacia Isabel Martínez, su mentora. Fue sólo luego de varios intentos fallidos que el periodista logró escapar del alucinado advenedizo para tener un momento a solas con Perón.

En la galería de los personajes de la novela sobresalen el médico español Pedro Ara, pulcro embalsamador, Pigmalión entregado con devoción sin límites a la simulación de vida que hay en su obra, y el coronel Moori Koenig, guardián del cuerpo, enamorado despechado, detective de ataúdes perdidos. La entrevista con la viuda del coronel es una escena sombría e inolvidable:

Me recibió vestida de negro, entre muebles que parecían enfermos de gravedad. Las lámparas daban una luz tan tenue que las ventanas se desvanecían, como si sólo sirvieran para mirar hacia dentro. Buenos Aires vive así, entre penumbras y cenizas. Tendida a orillas de un río solitario, la ciudad le ha vuelto las espaldas al agua y prefiere irse derramando sobre el aturdimiento de la pampa, donde el paisaje se copia así mismo, interminablemente.

Pero la devoción no alcanza sólo a estos personajes, sino también al mismo Rodolfo Walsh, que contó su propia búsqueda del cuerpo en el relato "Esa mujer", uno de los cuentos más contundentes de la literatura argentina. Cuando TEM encuentra en París al escritor, Walsh saca de su billetera (allí donde se suelen guardar las fotos de la familia) una foto del cadáver, el amarillento y gastado talismán que lo acompaña siempre.

El Coronel -dijo-. Tenía más de cien. Había fotos de Evita en toda la casa. Algunas eran impresionantes. Se la veía suspendida en el aire, sobre una sábana de seda, o en una urna de cristal, entre un marco de flores. El coronel pasaba las tardes contemplándolas. Cuando lo visité, no tenía casi otra ocupación que estudiar las fotos con una lupa y emborracharse.

-Podrías haberla publicado -le dije-. Te habrían pagado lo que hubieras querido.

-No- replicó. Vi que una rápida sonrisa lo atravesaba, como una nube-. Esa mujer no es mía.

Santa Evita tuvo un éxito extraordinario, pero pasaron varios años antes de que volviera a publicar una novela. Entre un libro y otro hay una página bellísima, perfecta pero terriblemente dolorosa: la columna "En memoria de Susana Rotker" [ver página 18], sobre la muerte de su esposa en un accidente de tránsito en Estados Unidos ocurrido en noviembre de 2000. Periodista especializada en cine y crítica literaria, Tomás Eloy Martinez la había conocido en 1979, cuando él era director de El Diario de Caracas.

En 2002 El vuelo de la reina, una obra de ficción que nada debía al peronismo, ganó el premio Alfaguara. La historia estaba inspirada en un caso real ocurrido en Brasil. El 20 de agosto del año 2000, Antonio Marcos Pimenta Neves, de 63 años, asesinó a balazos a Sandra Gomide, una joven periodista con la que había mantenido una relación de tres años. Pimenta Neves era director de O Estado de São Paulo, el segundo diario del Brasil. El vuelo de la reina no oculta su base documental: en sus páginas Camargo, el protagonista, escribe una nota sobre el crimen, en el que ve una premonición sobre su propio destino (la nota que escribe Camargo es muy similar a la que el mismo Tomás Eloy Martínez escribió para LA NACION cuando se conoció el asesinato). Tomás Eloy Martínez y Pimenta Neves se habían conocido fugazmente, años antes del crimen, en un restaurante japonés de San Pablo, donde habían encontrado una coincidencia: los dos habían comenzado en el periodismo como críticos de cine. La noche del cazador, la única, maravillosa película que filmó el actor Charles Laughton, tiene un lugar fundamental en la trama.

El mundo del periodismo aparece con frecuencia en las novelas, en parte porque muchos escritores son también periodistas, en parte porque la labor del periodista es ideal como mecanismo narrativo. Menos común es el retrato del mundo de las oficinas inaccesibles donde se toman las decisiones editoriales. Camargo pertenece a ese mundo. Como todos los personajes poderosos de Tomás Eloy Martínez, él también vive en una especie de mundo silencioso, inaccesible:

Entró en su oficina fingiendo que no oía los saludos. Cuando él llegaba no permitía que lo molestaran durante media hora, por lo menos. Había leído en un libro del general De Gaulle, El filo de la espada, que los grandes hombres, sin salvedad alguna, tienen siempre la facultad de retirarse dentro de ellos mismos.

Atraviesa la novela una fascinación por las repeticiones, como si la realidad tuviera una regla secreta en la que todo sucede más de una vez de un modo oblicuo o escondido. La historia de Camargo repite la de Pimenta Neves, mientras que la víctima, Reina, está fascinada con una leyenda que atribuye a Jesús un hermano gemelo: Simón. Ése es el doble de Jesús, y, al igual que él, predica su mensaje y es considerado enemigo de Roma y crucificado: pero lo que en Jesús es inspiración divina, en Simón es magia o fraude.

Este interés lateral, casi susurrado, por la literatura fantástica reaparece en El cantor de tango (2004) y en Purgatorio (2008). La primera cuenta la búsqueda que emprende un becario norteamericano de un mítico cantor del que no existen grabaciones, y que se presenta de improviso en distintos lugares de la ciudad. La búsqueda es excusa para mostrar una Buenos Aires que esconde, bajo los escombros de la crisis, un mapa secreto. La obsesión por los mapas (que se repite en todas sus novelas y en su fascinación por el cuento de Borges "La muerte y la brújula") reaparece en Purgatorio , historia de una mujer que cree reencontrar a su marido, un cartógrafo desaparecido en los años de la represión. Pero lo encuentra con la misma apariencia de la juventud. El mecanismo de la extrañeza tiene menos relación con la tradición fantástica argentina que con la búsqueda por encontrar, en el mismo mundo, los mecanismos insólitos que rigen nuestra memoria. En los sueños, y a veces también en los recuerdos, todo es un presente perpetuo, donde los calendarios se borran y los relojes se apagan.

Más allá de las virtudes de sus otros libros, La novela de Perón y Santa Evita son las novelas fundamentales de TEM, dos piezas bien diferentes de una misma obra compleja e inagotable. Aunque muy diferentes entre sí, las dos tienen el mismo equilibrio entre el archivo innumerable y ese otro archivo, ignorante del orden alfabético, que es la imaginación. Pero creo que habría que agregar a lo más perdurable de su obra Lugar común la muerte , libro siempre abierto y cambiante que fue recibiendo, en reediciones sucesivas, nuevos agregados: Manuel Puig, José Bianco, Lezama Lima, Roa Bastos. Las páginas dedicadas al uruguayo Felisberto Hernández y a su final, con ese ataúd tan grande que debe salir por la ventana, son inolvidables. Como en La novela de Perón y en Santa Evita , Tomás Eloy Martínez elige el crepúsculo para retratar a sus personajes. A sus héroes ya no los incomodan las infinitas posibilidades que son inherentes a la vida y sólo se reflejan en el espejo de lo definitivo. Lo que estaba escrito a lápiz ha sido pasado a tinta.

Hay un célebre cuento de Henry James, "La figura en el tapiz", en el que un crítico dilapida su vida para llegar a encontrar la forma secreta que esconde la obra de un escritor al que admira. Es una perfecta metáfora de un modo de leer: buscar debajo de lo múltiple y visible hasta encontrar lo único y secreto. Pero quisiera oponer a ese tapiz, otro, más grande, que es en realidad un gran decorado. En enero de 2006, en el suplemente literario de LA NACION, Hugo Beccacece escribió una espléndida nota sobre Arturo Jacinto Álvarez, escritor y editor pero por sobre todo excéntrico (que es una vocación tal vez más profunda que las otras). Aquella nota se abría con la imagen de Arturo Álvarez contemplando en 1951, en medio del campo, el inmenso telón que pintó Picasso en 1917 para los Ballets Russes y que entonces era suyo. Extendía la tela sobre el pasto y movía su silla para ir contemplándolo por parcelas sucesivas. La obra de Tomás Eloy Martínez, por su complejidad y belleza, acepta las dos lecturas, los dos tapices: la página, el párrafo o el instante que hay que buscar en un largo recorrido y que se desprende del todo y gana vida propia, y el impaciente sueño de una totalidad escondida.


Por Pablo De Santis  - LA NACION - Buenos Aires, 2010

sábado, 23 de enero de 2010

A UN AÑO DE LA MUERTE DEL POETA EDUARDO DÍAZ

Por estas horas, hace un año, muchos de nosotros no sabíamos donde fijar la mirada, la vista nublada por la angustia de saber que nuestro amigo respiraba sus últimos momentos. Se despedía de la vida y con este último gesto también en nosotros se posicionaba lo intangible, ese sentimiento, esa orfandad, que de tan grande no podemos explicar.


Ha pasado un año desde su partida a lugares que no acierto a comprender, que sólo quiero imaginar como una extensión de bienestar, de alivio para ese sufrimiento físico que padeció el poeta.

La vida sigue, es cierto, pero distinta, diferente, él está en lo inasible, nosotros en lo difícil, en lo terreno. Muchos debimos inventar una nueva forma de vivir a contar del aquel aciago día. Los que lo conocimos, sobrevivimos, recordándolo como el gran hombre que fue, desde todas las aristas que marcan a los bellos espíritus.


VAMOS QUE LA LUCHA SIGUE


El callamiento vaga entre las ramas, la voz se va
entre el oler, gustar, palpar, se empala al fondo
de las raíces que ensordecen.

Eco alguno puede introducirse en las hendijas
cuando no se quiere oír una palabra sentenciosa
que condena.

El aire no devuelve capacidad alguna de reacción,
inerme se observa la guillotina que saca redobles de
plata caracolina afilada, cercenante, con esa sensación de fantasma;
chorreando sus andrajos con cáliz de acíbar perfumado
de muerte irremediable.

Me parece que dentro estalla la rebelión,
agita mis latidos, acelera el pulso y me desato
de nuevo como esa vieja primavera en que
había que levantar la cerviz, y
pensábamos en cambiar el mundo de fase.

Rompo y abro los pétalos que animan la vida,
para seguir tras la vida,
hasta que ya se agote el último cartucho de esperanza.


EL PEQUEÑO SER

Sabes que vives fertilizándote bajo un techo
guateado de libros increíbles, sus paisajes,
ves como esos paraísos de cada final de alguna novela
con su happy end, te endulza la lengua acaramelada
de hambre por ese cuerpo.


Y el subterráneo, más que ser cielo, es fondo de algún
pirquén tenebrosamente abandonado donde han sacado
hasta el oro de de los tontos para ostentar riquezas
que no has tenido, vives tus últimas noches pensando
en la muchacha, la de Coronel, esa, que te permitió todo y terminaste
exhausto sin haber terminado nada.

La bóveda de tus libros guardan escritos, las mejores notas
recogidas de John Keats, Attila Jozef, el ritmo sicalíptico de Gonzalo Rojas,
la fiereza de Pablo de Rokha,
y esa lava arde por tus venas, corriendo caprichosa,
arrollándolo todo a su paso creando un clavo de fuego incrustándose
en la vieja viga de la memoria.

Tu atomización se extenderá como odiosa manía, una conspiración,
lo sabes, es por término de giro, escombros de tu cuerpo
que dejarás para que los suelten como caballos furiosos
en el viento azul intenso de la pampa, dando un gris más profundo
a esa tierra bienamada.


ABISAL

Me parece que el abismo tiene tantos
caminos y atajos,
salta como río loco de aventura,
sus espejos son esas hojas de árboles
caídas en otoño, lastimadas de tiempo
los pequeños insectos en la celda esa noche
aterrada, carcomiéndome el cuerpo
heridas cinceladas con buriles
de deleitosa saña
rompo las paredes con las uñas
filtradas por cristales de gritos puntiagudos,
desenredando dosis de esa locura desatada,
yendo como charanga dominguera
tamizando angustias, cada nota,
encorvando Cuasimodos de sueños
sin esperanzas

No ha quedado horizonte
sólo deletreo ausencias

CAZADORA

Herido por la certera flecha
desde árboles redondos;
floridos en tu blusa abre duraznos maduros,
no hay razón para acusaros
si la mala suerte fue haberme cruzado
tu recado preciso subvertir todo razonadamente,
arañando en vuelo de lirios mis alas,
tumbas gota a gota mis sueños
en su espeso silencio
por esas calles; tras devaneos armónicos,
cimbreantes jugosas caderas,
impávido en lo oscuro y frío de día
nublado
todo da vueltas, aspas colosales cabellos
inflados por ventolera
te balanceas y miras fijamente,
todo arde en esa llama de amor.


SERPENS

Ofidia, ofidia, nadan destellos dentro del que soy, tus ojos
alumbrando tinieblas, habitan mis socavones que
no tienen huellas dignas de mención, apenas líneas tormentosas.

Teñido de color oscuro era el reptil
incubado en las alforjas de la pena,
de lo todo, por oleadas arenas idas
van sepultándome de angustia,
y la máscara de la alegría, es arlequín desfigurándose
en los espejos de los días.

Turbulencia de la descontentadiza, sobrepasando recuerdos
y ternezas
ligera, alada, inocente soledad ardiendo bajo el sol
del medio día, dorada de hermosa apariencia,
atrapadora hasta el ahogo entre nostálgicas mallas metálicas
de silencio.

El enorme esqueleto de la serpens fabulata
enterrada de pétalos resecos
observa irónico,
lejos,
nosotros desterrados del paraíso.

Eduardo Díaz Espinoza
(Antogagasta - Chile  15.09.1937 -23.01.2009)

martes, 12 de enero de 2010

La fascinación de Occidente por las listas según Umberto Eco


La Princesa Nefertiabet con la lista de los alimentos
de su comida (2590-2565 a C.)


La fiebre de las listas es un fenómeno que alcanza su clímax al final de cada año. "Hora de balances" es la invocación a este ritual inevitable. Lo mejor, lo peor y lo que no alcanzó ni a ser. ¿Por qué nos fascinan las listas? ¿Por qué las leemos aunque públicamente digamos que nos tienen hartos? ¿Por qué nos dejamos influenciar por ellas aceptándolas o contrariándolas, a veces de manera inconsciente?


A mediados de los noventa, el escritor inglés Nick Hornby alcanzó el éxito internacional con una novela, "Alta fidelidad" (1995), protagonizada por el treintañero Rob Fleming, dueño de una tienda de vinilos para coleccionistas en Londres. Rob hace listas de todo. Desde "los cinco mejores temas de un single, solamente la primera cara, de todos los tiempos" hasta sus "cinco rupturas amorosas más memorables" por orden cronológico. Los clásicos top five del pop.

Ocho año más tarde, Alberto Fuguet organizó sus recuerdos (en estricto rigor, los del sismólogo Beltrán Soler) en torno a las cincuenta películas que marcaron su vida durante la infancia en Encino (California) y la adolescencia en Santiago: "Aeropuerto 77", "Willy Wonka y la fábrica de chocolates", "Tiburón", "Encuentros cercanos del tercer tipo"... La novela se tituló, desde luego, "Las películas de mi vida" (2003).

No fue el primer chileno en escribir un libro a partir de una lista. Otro autor, muy distinto a Fuguet, el poeta profesional Carlos Préndez Saldías (1892-1963), bohemio de capa y sombrero alón, causó un pequeño escándalo en 1947 cuando publicó sus memorias galantes, las que tituló, provocativamente:"27 mujeres en mi vida". El éxito (agotó la primera edición en dos meses) lo decidió a publicar, siete años después, un segundo volumen, no menos hiperbólico: "Otras mujeres en mi vida". En el prólogo de este libro se defiende de los ataques que recibió de parte de los guardianes de la moral pública. "Sólo hice mías a las mujeres que habían nacido para mí", declara con modestia.

De Bosch a Warhol

En noviembre de este año, el Louvre le pidió a Umberto Eco dirigir una serie de conferencias, exposiciones, lecturas públicas y conciertos sobre un tema de su elección. El semiólogo propuso el de la lista, elemento que se repite en sus novelas, y cuyos orígenes se remontan, en su caso, a lecturas juveniles de textos medievales y novelas de James Joyce. De ese encargo museológico nació "El vértigo de las listas", escrito por Eco con el apoyo -al parecer, sobre todo iconográfico- de un equipo de expertos. El libro es una apasionante lista de listas, organizada en capítulos, que incluye una amplia antología de textos y magníficas reproducciones de obras de arte, colecciones, los bizarros Wunderkammern (gabinetes de maravillas o curiosidades), tesoros, exvotos y relicarios de todos los tiempos.

Eco identifica en la "Ilíada", de Homero, el primer registro de un modo de representación artística que el autor emplea cuando no conoce los límites de lo que quiere representar. En el caso del aedo griego, pretende dar una idea de la inmensidad del ejército aqueo. Como no puede determinar el número exacto de combatientes, se limita a nombrar solamente a los capitanes y las naves. El esfuerzo le toma nada menos que 350 versos. La lista, elenco o catálogo, como llama el semiólogo italiano a esta modalidad artística, es un conjunto abierto, en fuga; sugiere el infinito y su cifra es la palabra etcétera. Está presente en la literatura desde Hesíodo hasta Italo Calvino, y en las artes visuales se puede rastrear en el inconmensurable jardín de las delicias de Hieronymus Bosch, las recargadas galerías de Giovanni Paolo Pannini (cuadros sobre cuadros) y las latas seriales de Andy Warhol.

En "El vértigo de las listas", Eco asocia la enumeración con lo indecible: algo inmensamente grande o desconocido, ya sean cosas, lugares o seres (el número y los nombres de todos los ángeles y diablos, por ejemplo). Existe también la imposibilidad de dar una definición de la esencia de una cosa, lo que conduce a una larga enumeración de sus propiedades, que puede ser encomiástica o peyorativa, como la mujer amada en el "Cantar de los cantares" ("Miel destilan tus labios, oh esposa") o como la musa de Robert Burton en "Amar a una mujer fea" ("cejas como antenas de cucaracha,/ barbilla de bruja").

Maestro en el placer del exceso es Rabelais con sus interminables enumeraciones: listas tan insólitas como las formas de limpiarse el trasero, los modos de masacrar a los enemigos o todos los juegos que conocía Gargantúa.

"El vértigo de las listas" distingue, sin embargo, entre el exceso coherente, en el que se pueden advertir relaciones y cierto método o sistema (Döblin, Pynchon, Lautréamont, Perec, Barthes y el propio Eco) y la enumeración caótica, que representa lo absolutamente heterogéneo. Entre los autores que han cultivado esta última forma, el estudioso italiano incluye a Rimbaud ("El barco ebrio"), Jacques Prévert ("Cortejo", "La trilladora"...), Pablo Neruda ("Oda a Federico García Lorca"), André Breton ("Mi mujer") y el ejemplo por excelencia de lista incongruente: el catálogo de los animales de la enciclopedia china inventada por Borges en su libro "Otras inquisiciones", recogido luego por Michel Foucault en "Las palabras y las cosas". Extravagante clasificación de animales en catorce categorías: (1) pertenecientes al emperador, (2) embalsamados, (3) amaestrados, (4) lechones, (5) sirenas, (6) fabulosos, (7) perros sueltos... Tres categorías son las más problemáticas desde el punto de vista lógico: la (8), incluidos en esta clasificación; la (10), innumerables, y la (12), etcétera.

Si Borges en "El idioma analítico de John Wilkins" conduce al lector al borde del abismo, en "La Biblioteca de Babel" lo empuja al "vértigo de las listas" propiamente tal: un lugar que contiene infinitos volúmenes en una sucesión ilimitada de galerías hexagonales. Meta frecuente de la literatura contemporánea, que suele confeccionar listas reales a partir de un número limitado de posibilidades combinatorias, o, como bien apunta Eco, trata de "inducir a los lectores a sacarlas". Algo que ya han hecho Raymond Queneau, en "Cent mille milliards de poèmes" -libro objeto que permite combinar de manera distinta los 14 versos de un soneto-, y Julio Cortázar, en "Rayuela".

Un punto de vista intencionadamente literario también permite leer una lista práctica como si fuera poética (ejercicio de ready made que en Chile ha practicado Claudio Bertoni, entre otros). Tal es el caso, según Eco, de los diccionarios, enciclopedias, los catálogos de las grandes bibliotecas y las librerías de viejo; la inacabable relación de los tratados (casi todos perdidos) de Teofrasto que hace Diógenes Laercio; la biblioteca (de obras inexistentes) de la abadía de Saint Victor, descrita por Rabelais, o el escrutinio de libros que realizan el cura y el barbero en "El Quijote".

Bajo esta perspectiva, la literatura sería una lista que se parece más a la enumeración caótica de animales imaginada por Borges que a un conjunto normal. Un conjunto ilógico, incongruente e infinito, una lista no normal, paradójica, que se contiene a sí misma.


Fuente: Revista Artes  y Letras


sábado, 2 de enero de 2010

DOS DE ENERO - En memoria de Vicente Huidobro




INVIERNO PARA BEBERLO

El invierno ha llegado al llamado de alguien
Y las miradas emigran hacia los calores conocidos
Esta noche el viento arrastra sus chales de viento
Tejed queridos pájaros míos un techo de cantos sobre las avenidas
Oíd crepitar el arcoiris mojado
Bajo el peso de los pájaros se ha plegado
La amargura teme a las intemperies
Pero nos queda un poco de ceniza del ocaso
Golondrinas de mi pecho qué mal hacéis
Sacudiendo siempre ese abanico vegetal
Seducciones de antesala en grado de aguardiente
Alejemos en seguida el coche de las nieves
Bebo lentamente tus miradas de justas calorías
El salón se hincha con el vapor de las bocas
Las miradas congeladas cuelgan de la lámpara
Y hay moscas
Sobre los suspiros petrificados
Los ojos están llenos de un líquido viajero
Y cada ojo tiene un perfume especial
El silencio es una planta que brota al interior
Si el corazón conserva su calefacción igual
Afuera se acerca el coche de las nieves
Trayendo su termómetro de ultratumba
Y me adormezco con el ruido del piano lunar
Cuando se estrujan las nubes y cae la lluvia

Cae
Nieve con gusto a universo

Cae
Nieve que huele a mar

Cae
Nieve perfecta de los violines

Cae
La nieve sobre las mariposas

Cae
Nieve en copos de olores
La nieve en tubo inconsistente

Cae
Nieve a paso de flor

Nieva nieve sobre todos los rincones del tiempo
Simiente de sonido de campanas
Sobre los naufragios más lejanos
Calentad vuestros suspiros en los bolsillos
Que el cielo peina sus nubes antiguas
Siguiendo los gestos de nuestras manos
Lágrimas astrológicas sobre nuestras miserias
Y sobre la cabeza del patriarca guardián del frío
El cielo emblanquece nuestra atmósfera
Entre las palabras heladas a medio camino
Ahora que el patriarca se ha dormido
La nieve se desliza se desliza
                               se desliza
Desde su barba pulida



BORRADOR DE CARTA A JUAN LARREA
24 Septiembre, 1947. Santiago

Querido Juan,

Debo disculparme por el retraso con que respondo a tu carta de fines de Mayo, pero he estado de una pereza que pasa todas las medidas

-sobretodo en lo de tomar la pluma y escribir. La guerra me fatigó como si yo la hubiera hecho solo contra el universo entero. Me bastará decirte que ni siquiera he dado un paso para la publicación de mis libros, dos de los cuales fueron anunciados en Francia ya en 1945, en Uruguay y en Chile en entrevistas y artículos durante mi regreso y apenas mi llegada acá en Noviembre del 45. Especialmente dos de ellos "Utilidad de las Estrellas" en prosa y "El Precio del Alba" poemas, algunos leidos en radios en Europa y en Uruguay a mi paso por mi Montevideo donde me quedé reposando dos o tres días.

Trabajo bastante en el campo, me gusta ver crecer lo que yo siembro. No estoy pesimista, ni mucho menos. Pendant la vie il faut vivre. Vivo arreglando mi parque en una casa frente al mar que te espera a tí y a todos los tuyos sin perder la ilusion de que un día vendras a habitarla conmigo y los míos, cuando el cuerpo te pida un verdadero descanso entre verdaderos amigos. Me quedé con una parte de una vieja hacienda de mis padres y de mis abuelos a orillas del Pacífico que para mí lo es de toda paz.

Estoy de acuerdo con muchas cosas que dices en tucarta, pero puedes creerme que mi poesía obedece siempre a estados muy autenticos de mi espíritu y contra eso no puedo hacer nada. Yo tambien a veces prefiero aquella de mi juventud, otras prefiero una más pesimista todo depende del período en que me encuentro. No soy tu, mecánico ni unilateral en mis reacciones.

Creeme que no recuerdo las reservas que haya hecho respecto a tu libro, sin embargo estoy cierto de haberte escrito en linea general que me gustó y me interesó mucho y siempre ví en él el lado poética fuertemente desarrollado. Si te hablé de Kierkegaard sería tal vez porque este creía en el aparecimiento de un hombre nuevo, de una nueva conciencia despues de haber superado la angustia, ahondandola y agudizandola en sus valores esenciales. Y de Unamuno seguramente porque como recordarás él siempre decía a los sudamericanos de Paris que acaso nuestro rol histórico era crear un nuevo tipo humano menos aplastado por fuertes herencias que el Europeo. Cosa que muchos creíamos entonces sin nesecidad de conocer su pensamiento. En verdad no recuerdo lo que te haya dicho en mi carta.

Es evidente que nuestras experiencias nos han llevado por caminos muy distintos. Te confesaré que los libros de interpretaciones basados en las coincidencias no me apasionan, ni el mismo Freud tampoco, ni la Gradiva ni el Leonardo de Vinci. Todo eso me parece falso y ademas con el sistema de coincidencias se puede tirar la manta para donde se quiere, un poeta de imaginacion puede mostrar lo que se le antoja; todo depende de su agudeza. Entonces en ellos sólo me interesa la facultad poetica del autor que le permite establecer relaciones mas sutiles y en mayor número que a los demás.

Si Napoleon hubiera pintado a los 20 años su autorretrato en un islote en medio del océano par mí sería una simple casualidad. Snte. Hellene petite íle... no significa nada. La mas vulgar casualidad.

Los hombres aman lo maravilloso, especialmente los poetas, y lo maravilloso a pasado a manos de la ciancia. Los poetas se sienten tan huérfanos de maravillas que ya no saben qué inventar. Esto solo prueba que la poesía murió, es decir lo que hasta ahora hemos llamado poesía. Seguramente vendrá otra clase de poesía.. si es que el hombre necesita de ella. Nosotros somos los últimos representantes irresignados de un sublime cadaver. Esto lo sabe un duendecillo al fondo de nuestra conciencia y nos lo dice en voz baja todos los días. De ahí la exasperación de nuestro pecho y de nuestra cabeza. Queremos resucitar el cadaver sublime en vez de engendrar un nuevo ser que venga a ocupar su sitio. Todo lo que hacemos es ponerle cascabeles al cadaver, amarrale cintitas de colores, proyectarle diferentes luces a ver si da apariencias de vida y hace ruidos. Todo es vano. El nuevo ser nacerá, aparecerá la nueva poesía, soplará/ un gran huracán y entonces se verá cuan muerto estaba el muerto. El mundo abrirá los ojos y los hombres naceran por segunda vez -o tercera o cuarta..

Esta carta ya se pone aburrida, disculpame. La cortamos antes que parezca discurso.

(En: Vicente Huidobro. Poesía, Madrid nº30-32, Ministerio de Cultura,1989)

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Vicente Huidobro nació en Santiago de Chile el 10 de enero de 1893.
Murió frente al mar, en Cartagena (Chile), en 1948, y frente al mar (o tal vez sobre él, como reza su epitafio) reposan sus restos en el camposanto de la bella localidad chilena.
 
Su hija mayor, Manuela, y Eduardo Anguita escriben el epitafio:
«Aquí yace el poeta Vicente Huidobro / Abrid la tumba / Al fondo de esta tumba se ve el mar».

AL RESCATE DE ANTIGUOS LIBROS INFANTILES

Nace en Candeleda (Ávila) editorial para rescatar antiguos libros infantiles


El primero de los ejemplares que salen a la luz por esta nueva editorial es el titulado "Cuenta que te cuento", con textos de la desaparecida escritora chilena María de la Luz Uribe (Santiago de Chile, 1936-Sitges, 1996) e ilustraciones de su marido, el también chileno Fernando Krahn (1935).

Se trata de un libro editado en la década de los setenta por la editorial "Juventud de Barcelona", que "hace cinco año lo abandonó", según ha explicado a Efe Martín Nebras, quien recuerda la trayectoria de ambos y en especial de Uribe, que fue "discípula" de Gabriela Mistral y Premio Nacional de Teatro Infantil en Chile.

"Siguió las pautas de la poesía de Gabriela Mistral", ha añadido uno de los impulsores de esta nueva editorial que se plantea la posibilidad de editar cada año tres libros de estas características.

En esta ocasión se han editado 3.000 ejemplares, que se pueden adquirir en librerías de toda España al precio de 13 euros, si bien un tercio de estos libros también "han salido para Hispanoamérica", dado el origen de sus autores.

Federico Martín Nebras explica que una colección infantil de estas características "siempre tiene que empezar con un libro de poesía", tal y como sucede en el caso de "Cuenta que te cuento", que incluye "romances para ser memorizados".

Su autora, que "antes de abandonar Chile fue secretaria poética de Pablo Neruda", no sólo hace las delicias de pequeños y jóvenes, sino también de los mayores con deliciosos relatos como "El rey de papel", "Barco en el puerto", "La señorita aseñorada", "Don Crispín" o "El soldado trifaldón".

Todo ello, ilustrado por Krahn, que ha puesto imágenes a la mayoría de los libros infantiles de su esposa y que en 2001 recibió el Premio Internacional de Ilustración de Ediciones S.M.

El título de esta nueva editorial, "Libros de la mora encantada", responde al hecho de que según Federico Martín Nebras "no exista ningún lugar mágico en la comarca de La Vera -Cáceres- ni en el Valle del Tiétar -Ávila-, que recuerde a los moros de la Edad Media" y entre ellos a un hada que se aparecía a los cabreros de la zona surgiendo del agua.

Estos personajes míticos llevaban collares mágicos e infinitos que exigía al cabrero al que se le aparecía el hada "paciencia y confianza en ella", ya que de no ser así, al tratar de coger el valioso collar, éste "se desgranaba".

La actuación de las hadas se producía de manera especial cuando sentía que los cabreros "estaban en soledad, durante la noche de San Juan", tal y como recuerda Martín Nebras.

Tomando este nombre, sus impulsores han querido hacer una colección de literatura infantil y juvenil con libros "memorables" que han sido "abandonados" y que a su juicio "tienen que estar en manos de los jóvenes".