domingo, 27 de febrero de 2011

A un año del terremoto (Chile 2010)


Fotografía tomada de http://sullca.com/terremoto-en-chile-2010-fotos-y-videos.html


Este no es un tema literario como acostumbro a tratar o publicar aquí, pero bien vale la ocasión para recordar este terrible fenómeno de la naturaleza ocurrido la madrugada (03:34) del 27 de febrero de 2010. 

Fueron 2:45 minutos de terror y caos que han quedado grabados en el alma y en la memoria de  los chilenos.  Hoy, a un año de terremoto y posterior tsunami, muchas familias recordarán con regogimiento la desaparición de sus seres queridos,  la pérdida de sus casas y sus fuentes de trabajo. Los que tuvimos la suerte de no perder algún familiar, estaremos también, acompañándolos en este dolor colectivo que aún está fresco en nuestras memorias.

En aquel entonces fuimos testigos de lo mejor y de lo peor que tenemos los seres humanos, existen tantos héroes anónimos que hicieron esfuerzos sobrehumanos para salvar vidas durante la emergencia, mientras otros se dedicaron a cometer actos indignos durante aquellas horas negras.  Me quedo con lo mejor, como aquella madre que estaba en la maternidad de un hospital de la región más amagada, que ayudó a rescatar a otros cinco  recién nacidos y junto a otras personas  los subieron a un auto para resguardarlos,  los protegió, les dió de mamar y los amparó durante aquella larga y oscura noche. 

O como Martina Maturana, una jovencita de 12 años, que vivía en una de las localidades más golpeadas por la ola: el Archipiélago de Juan Fernández, un pequeño grupo de islas con una población cercana a los 600 habitantes.  Por su distancia de más de 600 kilómetros de la costa chilena, en las islas no se sintió el sismo y sus habitantes desconocían el peligro de tsunami. Por suerte, Martina Maturana miró por la ventana y observó que los botes de la bahía saltaban y chocaban entre sí. Alertada, corrió hasta la plaza del pueblo e hizo sonar el gong instalado en el centro del parque para dar la alarma. Los vecinos se despertaron y corrieron hacia las zonas más altas, salvando así la vida de muchos lugareños. (*)

Muchos otros gestos heroícos se recordarán esta noche, gestos que enaltecen a los seres humanos y nos permiten mantener la fe y la confianza en el prójimo. Nunca se escuchó ni se practicó mas la solidaridad que aquella noche eterna y los días siguientes.

Mi afecto, mi adhesión y fraternidad para todos aquellos que lo perdieron todo y mis agradecimientos por la gran cantidad de correos de amigos extranjeros que recibí por aquellos días.

Luisa García


2 comentarios:

Amelia dijo...

Un bonito homenaje de recuerdo para todas esas personas que padecieron y fallecieron en este "regalo" de la naturaleza.
Me uno en tu recuerdo de este triste acontecimineto.
Abrazos.

Luisa García: dijo...

Gracias Amelia por tus palabras solidarias. La naturaleza se encargó de demostrarnos lo frágiles que somos. Un abrazo.