viernes, 12 de diciembre de 2008

Dos poemas de Mailena Martínez




Dama en juego

amor
esa cosa negra
fácil

Paco Urondo



agua de girar ausencias
piel
un naufragio en el borde de lo rojo
¿digo verdad
o sálvese quien pueda? algo se desploma
y voy cayendo

si te conozco jugador
táctica estrategia jaque mate
esto es sólo cacería y las trampas apenas pasatiempo
mientras llega la hora la última captura
cuando yo
como quien tropieza con las uñas del amor
me vuelva
resplandor hecho de sangre
derramada mente cuerpo en el azul en la ternura




Pasos perdidos

Sólo la fiebre y la poesía
provocan visiones.
Sólo el amor y la memoria.

Roberto Bolaño


anda suelta una imagen
en el adentro en lo oscuro
terciopelo bordó aquella sala luz olvidada y celosías
como decir
mi geometría de silencios el abrigo

soy bailarina
una corsaria
después amante irresistible
jueguen conmigo las texturas abiertas del aire
¿importa ser una extranjera?
no hay otro país
sólo éste con su idioma toca el plumaje del deseo
mi territorio
de pies quietos en el vuelo
viaje delirio
con el sol entrado hasta los huesos

viejo sillón penumbras terciopelo
amarrar las horas a mis ojos
como escribir
ya nada existe o todo ha muerto



Mailena Martínez C.
Mar del Plata - Argentina








sábado, 6 de diciembre de 2008

La noche V


Ardió la noche en mi pecho
fue un remolino audaz
crepitando en el silencio.


miércoles, 3 de diciembre de 2008

La Noche IV




Esta noche

es sonido galopante

de bocas






domingo, 30 de noviembre de 2008

La noche III




Aquella noche
la nostalgia

cantó su nota más alta.



miércoles, 26 de noviembre de 2008

domingo, 23 de noviembre de 2008

La noche I




La noche

se hizo día

en el ojo de la muerte




miércoles, 19 de noviembre de 2008

Ahora si que tú y yo...




Ahora sí que tú y yo estamos más lejos uno del otro

que dos estrellas de diferentes galaxias.

Ningún astrónomo logrará tenernos juntos

en su vertiginoso campo visual

ni el fotógrafo de Cartagena ante su Polaroid

así fue hace la infinidad de siete años

el resto de las imágenes son nubes de la memoria

y de aquélla y de todas se ha retirado la vida.



Enrique Lihn

viernes, 14 de noviembre de 2008

ORACIÓN


Búscame en paisajes al poniente de tu vida o en la zozobra cruda de este dolor. Búscame en el vértice del cerebro que martilla la rebelión de estos secretos desgarrados. Soy esa cinta blanca atada a tu brazo, soy quien guarda en su cuaderno la sombra de aquel barco abandonado.

Sueño un nuevo viaje a las espirales sublimes de ese antiguo pueblo de gentes silenciosas, sueño el sol cayendo en el azul, pero aquí estoy, frente al espejo del silencio, postrada en lo desconocido, a la deriva, atrincherada, como un caracol. Encadenada al metal que silencia tus versos esta noche feroz.

Guárdame en el rigor de tu memoria, en tus viejos papeles, en tus gaviotas sombrías, concédeme la luz, amén.


jueves, 13 de noviembre de 2008

Para el centenario de Miguel Hernández en 2010

Miguel Hernández


Dentro de menos de catorce meses se iniciará el año del centenario del poeta Miguel Hernández, acontecimiento sobre el que me imagino que hay ya múltiples iniciativas en marcha por parte de las instituciones culturales de nuestras tierras y de nuestro país; a fin de cuentas, se trata de una figura esencial de la literatura española y universal y no dudo de la importancia que una conmemoración como un centenario debe plantear para la reflexión sobre su significado; también para la difusión y valoración de su obra.



A comienzos de marzo de 2010 se desarrollará en Valparaíso el V Congreso de la Lengua Española. Junto al tema central, "América en la lengua española", se homenajeará a un conjunto de escritores chilenos en nómina esencial abierta por Gabriela Mistral y Pablo Neruda. Sobre estos dos, junto a la consideración de otros vivos como Gonzalo Rojas o Nicanor Parra, se prevé centrar una parte del evento en ediciones masivas de ejemplares de alguna obra de Mistral y Neruda, como se hiciera en los encuentros anteriores con el "Quijote" (Rosario, Argentina, 2004), o con "Cien años de soledad" (Cartagena de Indias, 2007).




Gabriela Mistral y Pablo Neruda son desde luego dos nombres mayores de la tradición literaria del español y parece evidente que su condición de chilenos, y su vinculación a la ciudad-puerto de Valparaíso, los convierte en centrales para el espacio conmemorativo que los congresos de la Lengua también han desarrollado: el español es esa rica y compleja variedad de escritores, que representan literariamente a más de cuatrocientos millones de hablantes. Todos celebramos las líneas principales de un congreso que servirá para reafirmar la unidad de la lengua en su diversidad y las diferentes culturas e historias que en ella se entrelazan determinando también sus variantes.



La reflexión que sigue tiene que ver con el otro aspecto conmemorativo de ese año que he señalado al principio, el centenario de Miguel Hernández, poeta mayor de la tradición literaria, al margen de esta condición de su temprana y desdichada muerte en marzo de 1942 en la cárcel de Alicante.



En 2004, cuando celebrábamos el centenario de Pablo Neruda, realizamos en la Universidad de Alicante un gran cantidad de actos (congreso, conciertos, recitales) dedicados al poeta chileno. Hubo uno particularmente emotivo en el que, a los escritores y profesores que celebraban un congreso, se unió medio millar de estudiantes: se llamó "Neruda y Hernández se encuentran en Tabarca".



El motivo de aquel encuentro simbólico era que Hernández intentó en 1935 llevar a Pablo Neruda y su hija Malva Marina para que pasasen unos días de descanso en aquella isla. Le escribió una carta en junio de 1935 para ello a Juan Guerrero Ruiz: "Mire: yo quiero llevar para agosto a Pablo Neruda a ver lo mejor de estas tierras (É) Quiero saber si podría residir en la isla de Tabarca (É) A él sé que le agradaría un lugar donde el mar no se encontrara con arenas al ir a la tierra, donde el agua tuviera más grandeza". En 2004 intentamos simbólicamente reconstruir aquel encuentro que no se produjo.



Pablo Neruda hubiera llevado a Valparaíso a Hernández en 1939. Hay toda una peripecia singular que tiene que ver con sus intentos de salvar al poeta en marzo de ese año a través de la embajada de Chile en Madrid. Hay también intentos posteriores cuando ya estaba encarcelado. Lo he contado otra vez en la reciente biografía ("Álbum Neruda", Madrid, Residencia de Estudiantes, 2007). Aquello no salió bien y Hernández fue a parar a una sucesión de cárceles hasta su muerte en 1942. Si hubiera resultado el intento, si Neruda hubiese conseguido liberarlo, no tengo duda de que, en septiembre de 1939, Hernández hubiese sido uno de los pasajeros que llegaron a Valparaíso en aquel mes en el "Winnipeg", el barco que armó Neruda para llevar a casi tres mil exilados españoles a Chile.



Claro que estas sugerencias del pasado no son historia, ya que fueron imposibles. Pero deben ser tenidas en cuenta por el alto valor simbólico que tienen. La lengua común se ha ido nutriendo también de este entramado de símbolos, legítimo por el carácter emocional que tienen. Creo que los organizadores del evento de Valparaíso deberían tenerlo en cuenta. Quizá la RAE, quizá el Instituto Cervantes, sin duda la Sociedad Estatal de Conmemoraciones que tendrá que celebrar en 2010 el centenario del poeta Miguel Hernández, deberían propiciar allí este encuentro simbólico.



José Carlos Rovira es catedrático de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Alicante.
http://www.diarioinformacion.com/secciones/noticia.jsp?pRef=2008111300_8_819337__Opinion-Para-centenario-deMiguel-Hernandez-2010


martes, 4 de noviembre de 2008

Gioconda Belli, reconocida con el Sor Juana Inés de la Cruz



El jurado ha acordado por unanimidad otorgar el premio a una obra de la que resalta su “prosa exquisita”

La escritora nicaragüense Gioconda Belli ha sido galardonada con el Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2008, convocado por la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara y la Sociedad General de Escritores de México (Sogem). La obra por la que recibirá el galardón se titula El infinito en la palma de la mano, una historia en la que poesía y misterio se mezclan para fabular sobre cómo fue la vida de Adán y Eva en el Paraíso.

El jurado, formado por Eduardo Antonio Parra, Margarita Valencia y Martha Cerda, ha acordado por unanimidad otorgar el premio a una obra de la que resalta su "prosa exquisita, precisa, fluida, rebosa de insinuaciones y resonancias".

De la autora refiere que "enfrenta el reto de escribir una historia conocida por todos y hacerlo de manera novedosa e interesante, reafirmando con ello la idea de que las historias son siempre las mismas y que la literatura crece con la capacidad de los escritores para contarlas de nuevo".

El Premio Sor Juana, dotado con 10 mil dólares, contempla también la opción de que la obra ganadora sea traducida al inglés y publicada por la editorial Curbstone Press, así como la elaboración crítica por parte de la Editorial de la Universidad Católica de Salta, en Argentina.

El galardón, patrocinado por la Fundación Cuervo, lo recibió el año pasado la escritora argentina Tununa Mercado con su obra Yo nunca te prometí la eternidad y anteriormente Angelina Muñiz-Huberman (España), Marcela Serrano (Chile), Tatiana Lobo Wiehoff (Costa Rica), Elena Garro (México), Laura Restrepo (Colombia), Silvia Molina (México), Sylvia Iparraguirre (Argentina), Cristina Rivera Garza (México), Ana Gloria Moya (Argentina), Margo Glantz (México), Cristina Sánchez Andrade (España), Paloma Villegas (México) y Claudia Amengual (Uruguay).

La ceremonia de entrega del premio a Giconda Belli se celebrará el 3 de diciembre en el Auditorio Juan Rulfo de Expo Guadalajara.

El Informador - México.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Premonitorio

Eduardo Díaz E.


PREMONITORIO


La tarde despeja cortinas grises, en
cristales de ventanales oscuros,
la humedad de los presagios impregna
su plumilla artera en la cabeza de medusa.

Anuncios con tañidos lúgubres y ladridos
de perros furiosos, engrifando el gato negro
de la noche, abriendo garras que sueltan
la ponzoña del miedo.

Se mueven los extraños seres
que corroen el interior de las vísceras,
éstas; gotean su drama, envueltas en
celofán de dolor, arqueando de amargor,
angustiosa lengua envejecida.

Se alzan blancos alfiles perdidos,
esa sábana espera,
se aprietan los minutos sin saber
cuando todo termina.





LA FRUTA DEL PÉNDULO


La gota destruye los hilos de la cordura,
deshilachándolos por los distintos pasillos
del laberinto, aúlla el animal indefinido
temblando la garganta al sabor del terror.

Martilla los sesos que tiemblan en un ramo
de floridas interrogaciones,
no hay respuestas, solo el golpe monocorde,
abre brechas de amplias alamedales heridas
de un fastuoso verde infierno.

La infame ronda, está allí,
escondida como escarabajo,
se mueve ardiendo sus artejos
cada espacio de carne lacerada,
está, acecha.

Cae la guadaña
es último brillo de su hoja
sangrienta.




Eduardo Díaz Espinoza
Antofagasta, 27 de octubre de 2008

sábado, 25 de octubre de 2008

Eros condenado



De este lado azul
donde se hacen más intensos los miedos
creo ser una larva en la quietud
animal mitológico
eros castigado
moribundo
anclado en nostalgias ajenas.

En el silencio de esta condena
nada hay que pueda evitar la ceniza del asombro
grabada en mi piel.




domingo, 19 de octubre de 2008

Un cuento de Amanda Bustamante



Conocí a Amanda Bustamante el año 2002, meses después de recibir un libro de cuentos de su autoría, con motivo de mi cumpleaños "Amanda... y otros sueños". Debe haber sido un día de junio o julio, cuando decidí pasar a saludarla a su lugar de trabajo: un carrito literario en la intersección de las calles Mac Iver con Alameda, a un costado de la Biblioteca Nacional en Santiago de Chile.


Era un día oscuro, frío y húmedo. Quise contarle que tenía su libro, que lo había leído con agrado, hablamos brevemente de literatura, de sus textos, de sus inquietudes y de su precaria salud en ese momento. No se que ha sido de ella, nunca más la vi vendiendo libros en aquel lugar. Hoy, después de seis años, he vuelto a leer sus cuentos urbanos, tristes, sencillos y conmovedores. Escogí uno para Tinta Verde - "Burocracia"- una historia tan vigente que parece escrita hoy.


Lu




"En un Policlínico cercano a Santiago, muchas mujeres, hombres y niños esperan. Algunas de ellas, acostumbradas a estos largos y tediosos ajetreos, llevan sus tejidos, conscientes de que antes que les toque su turno de atención, habrán terminado sus labores. Los hombres se cruzan de brazos o hacen girar sus sombreros entre las manos inquietos y enfermos. Los niños corretean, gritan o se pelean entre ellos. El llanto de las guaguas es el telón de fondo para todo esto.


Una mujer delgada, de unos treinta y siete años, de tez trigueña, aguarda angustiada en un rincón. Los minutos pasan: la ventanilla aún permanece cerrada. Todo lo que ocurre, para ella es una experiencia nueva y no le gusta. Mira con atención el lugar, lee una y otra vez los rótulos: "INFORMACIONES", "MEDICINA GENERAL", "FARMACIA", "BAÑOS". De estos últimos emana un olor que hiere las narices.


Ya son las nueve de la mañana. Más de una hora que espera, pero el personal todavía no empieza a atender y, cuando lo hacen, reflejan una indiferencia ajena a todo dolor.

Los enfermos se disputan sus lugares en la fila. Las madres gritan a sus hijos, uno de ellos se aferra a una banca y chilla:


-No quiero...¡No quiero que me pongan una inyección!


-Ven cabro maricón, ¡me vai a hacer perder la cola...!


Pero el niño sigue gritando mientras una auxiliar- entre enfermo y enfermo- hace vida social con otra colega que se pinta las uñas.


-¿Cómo lo pasaste anoche?

- Fue una lata- le contesta-. Perdimos la micro y no pudimos viajar a Santiago, así que fuimos a la discoteque de los Valderrama. Había puros borrachos y nos acostamos temprano.


-Entonces, no lo pasaste tan mal.


-Ni tanto. Se quedó dormido...


-Entiendo... -mirando la fila, pregunta - :¿quién sigue?


La mujer la mira y se dice: "esta niña no debe tener mas de dieciocho años; de seguro, no tiene ni cuarto medio; se maquilla en forma grotesca..."


-Ya pues señora..., dígame su nombre!


- La consulta no es para mi, es para mi madre y necesito que hoy la vea un médico.


La auxiliar miró primero un cuaderno y luego alzó la vista consultando el calendario.


-Para hoy es imposible, no hay atención antes del 25.


-¡Está loca! Mi madre está muy enferma; tiene setenta y tres años... está con fiebre y orinando sangre... ¡No puede esperar quince días!


-No es asunto mío- comenta molesta la auxiliar-. Si tiene tanto apuro, llévela a una clínica a Santiago.


-Si tuviese dinero, esté absolutamente segura que no acudiría a este lugar, que más bien parece un basural que un policlínico- responde dolida la mujer.


-¡Pobre y exigente, no digo yo! Ya, ya, ya. Despeje, que aún tengo que atender a otros pacientes.


Las otras personas de la fila reclaman a grandes voces:

-ya pu, iñora, córrase, también nosotros estamo apuraos.


La mujer sale indignada, luego el dolor y la impotencia la hacen encogerse un poco, se sienta en un banco pensando en la forma de solucionar el problema de su anciana madre. En eso, se le acerca un guardia y la interroga:


-¿Le ocurre algo, señora?


En pocas palabras le explica lo ocurrido. El guardia comenta:


-Son muchachas con poca experiencia y sueldos muy bajos, por eso son tan insensibles. ¿Por qué no habla con la visitadora?


Agradeció la sugerencia, encaminándose al lugar indicado. También allí tuvo que esperar a que la dama se tomara un café, mientras chismorreaba con otra mujer la teleserie de moda. Una vez terminado el comentario, pregunta:


- Y... ¿tú que deseas?


La mujer explica la situación que le apremia, pero el resultado otra vez es nulo.


El policlínico está ubicado al interior de la Municipalidad, al igual que el Correo, el Jardín Infantil y la Tesorería. Luego de meditar, tomó una determinación: hablar con el Alcalde.


La secretaria de la alcaldía, joven, buenamoza, con mejor preparación que se aprecia por el libro que lee y por su excelente presencia, con una voz cultivada y como midiendo sus palabras, después de escuchar la petición de la mujer, responde:


-¡Ay, lo siento tanto...! El señor Alcalde no vendrá hoy. Y para hablar con él debe solicitar una entrevista con anticipación... Tal vez... el Inspector Municipal podría ayudarla.


Otro fracaso.


El Inspector, muy preocupado de ordenar papeles sacados de alguna gaveta volviendo a colocarlos en el mismo sitio, aparenta escuchar a la mujer, y luego de un rato alza la vista para decirle secamente:


- Nada puedo hacer sin la aprobación del señor Alcalde, y él tal vez venga mañana. Lo siento...

(Tal vez. Tal vez. ¡No puede esperar!

Mira la hora: las once de la mañana... tiene tiempo para llegar a Santiago, e irá directamente al hospital que atiende a los pacientes provenientes de ese pueblo.)


Once cuarenta y cinco. El hospital deja mucho que desear. Huele a una mezcla de sudor, fármacos y detergente. Los muros se ven sucios, asientos quebrados, sillas de ruedas inservibles y público que se apretuja, empuja e insulta. Finalmente llega su turno cuando ya son las doce y treinta.


-Medicina General, ventanilla seis-


Le pasan un número y le ordenan esperar; le ha tocado el número 18.


El reloj es su tortura, cada minuto es una eternidad. Piensa en su madre, que ha quedado sola, y ya es hora de la comida... y no hay quien pueda atenderla.


Al límite de su paciencia escucha el llamado de su turno. Otra funcionaria, tan impersonal como las otras, interroga:


- ¿ Cómo se llama... ?


- No es para mi... Es ... mi madre la enferma...


-¿ Qué edad tiene?


- Setenta y tres años... Dígame, ¿cuándo puede verla el médico?


-Hoy ya no puede ser. Mañana, a las nueve.

La mujer da un suspiro de alivio. La auxiliar continua el interrogatorio:


-¿Tiene ficha la señora?


-No. Es primera vez que se atiende aquí. Ella es pensionada.


-¿Dónde vive?


-La mujer da la dirección con voz segura y firme.


-¡Ah, lo siento tanto... ! ¡Tiene que llevarla al consultorio de ese pueblo! Desde allí la enviarán con una interconsulta-


y nuevamente se repite lo mismo-: pero puede hablar con la Visitadora Social a ver que le dice...


Y a sacar número, de nuevo, ahora para consultar a dicha dama. Espera y espera. El nerviosismo la invade. La dos de la tarde: y su madre se encuentra sola. Entonces cambia de idea y decide enfrentarse al Director del Hospital. Después de eludir la vigilancia del guardia, logra llegar hasta la oficina de tan importante personaje, y se encuentra con la muralla de siempre: la secretaria. Explica por enésima vez su problema, tanto que ya se le ha vuelto casi mecánico, y escucha la negativa acostumbrada:

-El Director no está para solucionar problemas personales. Tendrá que regirse por las normas establecidas... Sin embargo...


La mujer ya no tiene más argumentos que esgrimir. En sus oídos resuenan palabras y frases como estas: "Números", "Interconsultas", "Fichas", "Normas establecidas". (Si...., hay demasiados ancianos y pobres. ¡Es mejor que mueran!) Derrotada, se apresta a regresar. Tiene poco dinero, por lo que camina hasta la carretera y espera que alguien la recoja. No tarda mucho en detenerse una camioneta con dirección a Los Andes. Agradece la atención, pero no tiene ganas de conversar. Sus pensamientos están con su madre. Tiene miedo de perderla y quedarse sola. Su esposo se marchó con una muchacha; los hijos se tuvieron que ir del país; sus amistades la abandonaron... fundamentalmente por una cosa de status. Está sola, inmensamente sola. Unas gruesas lágrimas ruedan por sus mejillas, las que rápidamente seca: no quiere que el conductor haga preguntas.


El aire fresco y el verdor del campo la hacen sentirse mejor. A lo lejos, pastan los caballos. Recuerda lo mucho que disfrutaba en su adolescencia montando un potro.


Lo recuerda con nostalgia; ambos se comprendían, era la única que podía montar a Diablo.


El conductor la sacó de sus sueños:


-Llegamos al cruce. ¿Va muy lejos...? Porque yo puedo dejarla todavía un poco más allá.


-Se lo agradezco. No se preocupe... alguien vendrá por mi.


Se despiden amablemente: "Suerte" y "Gracias".


Ella cruza la carretera y se sienta en una gran piedra a esperar. Ese es el único camino para ingresar al pueblo. Por allí entran camiones, camionetas y carretelas con parlantes ofreciendo sus variadas mercaderías.


Transcurridos unos minutos, divisa un auto último modelo. Piensa que es demasiado elegante para, quien quiera que lo maneje, se detenga a recoger a una extraña tan pobremente vestida.


El que maneja el automóvil piensa:


-Humm, una campesina despistada. Debiera saber que la micro no pasará hasta más tarde. Si me detengo, seguro dejará el auto impregnado con olores a vaca o chancho-


Luego de visualizarla, mejora su opinión-: La llevaré.


Pasados unos cinco metros, se detiene bruscamente, para gran sorpresa de la mujer. El conductor se limita a quitar el seguro; ella abre la puerta; él, sin quitar las manos del volante ni desviar su mirada del camino, le pregunta:


-¿Hacia dónde va?


-Pasado el puente -contesta ella- perdone que lo haya molestado, tengo urgencia de llegar pronto a casa.


Él la mira con curiosidad. Lo confunde su expresión educada y se da cuenta que no es una campesina. Concluye en su pensamiento: -Vaya, vaya, es buena moza. Sus manos y su piel están bien cuidadas. Su ropa pobre, pero de calidad... Claro que ahora, con la ropa americana..., cualquier rota se viste bien. Y además se preocupa de su aseo personal; huele a flores. No me molestaría encontrarla otra vez...


-¿Usted vive en el pueblo? -le pregunta.


-¡No! Vivo en una parcela desde hace unos meses, pero no me acostumbro; siempre he vivido en Santiago.


Transcurren unos instantes de mutuo y sutil análisis. Ella reflexiona: -¡Un hombre interesante! Esa barba sal y pimienta; sus ojos verde claro contrastan con el color mate de su piel; esos labios gruesos y sensuales, están bien formados. Su ropa es fina.


¡Si, se ve bien! De tal auto tal chofer... -él interrumpe sus pensamientos preguntando:


-¿... Por qué no puede acostumbrarse? ¿Qué es lo que no le gusta?


-Todo- responde la mujer, volviendo a la conversación-: la indolencia, la ignorancia y la pobreza de la gente- luego, pidiendo excusas-. Pero no me haga caso.


He tenido un día terrible. Temprano fui al consultorio del pueblo a solicitar asistencia médica para mi madre. Me encontré con un montón de mujeres ineficientes que en lugar de atender a los pacientes, se pintan las uñas, beben café, comentan teleseries, chismorrean toda la mañana en vez de trabajar y luego asumen una actitud insolente y humillante con los sufridos enfermos. Después de fracasar en las entrevistas con la visitadora y el inspector municipal, intenté hablar con el alcalde, pero... él brilla por su ausencia. ¡Por eso este país está como está!


Se supone que el alcalde debe procurar progreso para su comuna.


Ambos guardan silencio, hasta que ella lo mira de reojo. Al verlo sonreír piensa que el hombre no es de estos lugares, y le intriga su presencia en el pueblo. Entonces, decide preguntarle:


-¿Usted no es de acá, verdad? Nunca lo había visto...


-Vivo en Santiago- responde él- pero trabajo acá.


-¡¿ Si!? ¿... Qué hace? -pregunta intrigada.


- SOY EL ALCALDE.










sábado, 11 de octubre de 2008

La poesía irreductible de Eliana Navarro


Ángelus de Mediodía
Eliana Navarro
Poesía
Editorial Universitaria. 2008
______________________
La poesía de Eliana Navarro (1920-2006), que se halla reflejada en sus versos , en su prosa, en sus cuentos, en autos sacramentales, remite a variadas tradiciones y, no obstante, mantiene una singularidad irreductible en cuyo misterio radica su grandeza. Es una paradoja. Como lo señalan algunos comentaristas, en Ángelus de mediodía se puede advertir la influencia del Siglo de Oro, de Juan de la Cruz, de la generación del 27, de Rubén Darío, Amado Nervo, Herrera y Reissig y de poetisas como Juana de Ibarborou y Alfonsina Storni. También, por cierto, está la presencia directa de la poesía chilena, de Gabriela Mistral y, según alguien indicó, de los poetas del Sur, los poetas lluviosos. La poesía de Eliana Navarro no deslumbra por su originalidad (que no buscó). En ningún momento ensayó formas poéticas nuevas ni abordó contenidos que ya antes otros poetas no hubiesen acometido. Su oficio poético, el manejo de las formas clásicas (el soneto, por ejemplo, o el verso libre pero con suficiente “labor limae”), el ritmo y el fraseo cadencioso, el uso dosificado y justo de las figuras, hacen de Eliana Navarro una poeta a la vez intempestiva y actual.

Hay que decir que esta obra es fruto del alma refinada, sensible y gran lectora de poesía pero, en absoluto, de una poeta “intelectual”, culterana, que replete sus versos de citas o referencias. Ella aspiraba, y lo logra, a la sencillez, a alcanzar un lenguaje que pudiera ser entendido por otras almas y sensibilidades semejantes a las suyas. Y, quizás en este punto el lector encuentre una indicación del especial atractivo de estos versos, pues la sensibilidad, el mundo interior de la poeta Navarro, tal como se trasunta en estas páginas, no es en modo alguno simple, sino que compuesto de varias facetas que se cogen y yuxtaponen. A veces, en efecto, asoma en sus versos el rostro claro y risueño de lo doméstico y el ardor honesto de su fe, pero en otros y casi en todos, si se los escruta con detenimiento, aparece la sombra o, mejor dicho, la plena oscuridad proveniente de una pérdida y de una ausencia irremediables.

La excelente edición de Universitaria permite formarse una idea de conjunto de la obra de Eliana Navarro, situarla en su contexto biográfico y literario, y revisarla acompañada con agudos comentarios críticos que la iluminan y estiman desde distintos ángulos. El tono que acaso prevalezca, con todo, es quizás elegíaco o crepuscular. Su poesía está impregnada de un lirismo nocturnal. Podrían incluirse aquí innumerables ejemplos de versos y poemas en que este rasgo aparece de manera poderosa. La pérdida y ausencia, en una primera mirada, corresponde al mundo tutelar de su infancia, en Carahue (“la ciudad que fue”, según ella aclara), pero, además, y sobre todo, al mundo de certezas no amenazadas de que allí disfrutaba (¿la ciudad de Dios?). En el epígrafe al poemario La ciudad que fue señala: “Le dábamos nombres oídos al azar: la ciudad perdida, la ciudad de Dios. Cuando llegamos a la adolescencia, empezamos a verla cada vez más a lo lejos, hasta que, envuelta en bruma, se confundió con nuestros sueños”. La experiencia de la separación y del adiós es su forma de relacionarse poéticamente con el mundo. No hay, pues, en estricto rigor, nostalgia porque el retorno se percibe imposible y la pérdida es irrevocable; lo que hay es derechamente dolor. Navarro, el “hablante lírico” como suele decirse, se mantuvo imperturbablemente fiel a ese dolor, a esa “noche” suya.

Sería necesario recurrir a múltiples adjetivos para intentar aproximarse a la obra de esta poeta que desconcierta y emociona, cuya aparente sencillez no le impide lograr atisbar verdades esenciales que pocos han alcanzado en la poesía chilena.

Pedro Gandolfo.
____________________________________________
JUEGO DE SOMBRAS


(Poema en tres tiempos)

I
Como un niño, jugaré con mi sombra
sobre la arena pálida.
Jugaré con la sombra de mis dedos
dibujando figuras sobre el agua,
al borde de la fuente, detenida.
Jugaré a perseguirme por las gradas
donde bailan las hojas del otoño,
e iré llamándome en distintas voces
para escuchar que el viento me responde.

II

Del mar hacia la sombra;
de la noche hacia el viento.
Girasol, girasol,dolor inmenso, mundo de soledad,
herido cielo.Te nombro entre la espuma,
te adivino en el sueño,vago por los caminos
murmurando un lenguaje que no entiendo.
Caracol, cascabel, secreta música,
mariposa de luz entre mis dedos.

III

Todo está ya cumplido.
Ahora sólo quiero
reclinar mi cabeza y dormir.
Todo lo que era llama se convirtió en ceniza.
El mar calló su coro de tempestuosas voces.
El viento sus laúdes.
El corazón, su enigma.
Con las manos atadas,con los ojos vendados,
¿hacia qué noche,
hacia qué oscura y larga noche
camino sin descanso?

IMPROMPTU

Busco tu corazón.
Hacia ti vuelvo.
Dame mi soledad,
mi viento estremecido,
mi universo.
Desnuda de toda ansia,
de toda vanidad,a ti me entrego.
Ya no cantan mis ríos;
desfallecen.
Ya no claman mis bosques.
¿Es la muerte?
Nada respondes.
Subes, inacabable, eterno.
Nada respondes, río de sangre y sombra,
pero clavado allí, yo te presiento.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Poemas de Jorge Andrés González

Su poética, que él denomina “ejercicios”, abunda en imágenes sorpresivas, frescas, absolutas. Posee esa energía espontánea y dinamismo sensible. De temática diversa y actual, sus abundantes creaciones revelan inquietud y gran capacidad de percepción y respuesta.

Lu








Un pájaro más


A menudo lo recuerdo con sus ojos volcánicos
y buscando clavar remaches en el pecho.
Bufando y rezongando como motor,
con la fuerza de tres buses y medio
y con la decisión de llevar en sus hombros el día.
A menudo lo recuerdo con sus grandes manos
sucias y ensangrentadas,
maldiciendo y denigrando
a los de afuera y a los de adentro
mientras va arrastrándola por el cuarto de golpe en golpe.




Café de invierno en un subterráneo

Se esconden las palabras cuando te miro,
alta,
perenne,
con tu traje insignificante
y tu escote que recolecta miradas
de vivos y de huesos.
Se alejan los minutos
mientras vas de un lugar a otro,
de una voz
a otra voz ,
y de una moneda
a la otra.
Por unos míseros segundos se dispersan los edificios,
los trenes,
los rostros,
cuando al fin me saludas
con un frío beso
beso muerto
en cada ángulo,
en cada piedra.





Sólo un Rostro Translúcido

Temprano,
con una mirada tangencial,
observé a través de mi ventana
el cambio de vivos colores
a opacidad.
Por el rectángulo metálico
asomaron las sombras
a cada hora,
a cada tiempo,
a cada exhalación.
Temprano,
observé mi vida
a través de la ventana.
Al llegar la noche,
sólo pude observar un rostro
translúcido
sumergido en oscuridad.





Al regazo

Tengo pena Mamaíta, en los brazos,
en los dientes y en el cuello.
Pena que se retuerce
y me vomita.
Pena, mucha pena
Mamaíta tengo.
Que cruza el pecho de un extremo a otro,
pecho seco,
seco, muy seco,
como mis desiertos y esta pena.
Tengo tanta pena mamaíta que lloraría,
no lagrimas,
sino sangre, mucha sangre,
con la esperanza de comprimirme
en el rojo
y vaciarme
junto a la última gota de las venas,
venas tristes y con pena.



Jorge A. González V. (Santiago, Chile)

viernes, 3 de octubre de 2008

Roberto Juarroz - mi invitado especial



Fragmentos Verticales


Casi poesía. No siempre la visión y la palabra coinciden hasta la suma del poema. Muchas veces sólo quedan algunos núcleos o gérmenes o imágenes o roces, como si fueran restos o quizá paradójicas ganancias de un naufragio. ¿Pero acaso es otra cosa toda la poesía? Tal vez se debiera entonces hablar aquí de fragmentos caídos, astillas de poemas, gestos de aproximación, trozos de materia poética de textos que no terminaron de nacer. Y consolarse con la idea de que nacer es un proceso que nunca termina.


Casi razón. Poco menos que razón. Deslizamiento de algo que no quiere alcanzar la razón, para no quedar anclado en su acotada zona. La pretensión de querer tener razón, desvía el pensamiento y lo convierte en rígida estatuaria mental. Contenerse en algo menos que razón quizá permita, en cambio, atisbar otros territorios más libres de la creación humana, como la poesía o ciertos inesperados paisajes de la imaginación. Un poco menos que razón puedellevarnos a algo más que razón.


De Poesía Vertical


Pienso que en este momento
tal vez nadie en el universo piensa en mí,
que solo yo me pienso,
y si ahora muriese,
nadie, ni yo, me pensaría.
Y aquí empieza el abismo,
como cuando me duermo.
Soy mi propio sostén y me lo quito.
Contribuyo a tapizar de ausencia todo.
Tal vez sea por esto
que pensar en un hombre
se parece a salvarlo.


Poemas Inéditos

(1)


Por este otoño de atrasadas primaveras
voy buscando, Señor, mi desnudez.
desenfilando focos y sueños por tus lunas,
(ah tu luna, virgen interminable acostándose en la tierra)
(Ah mi sueño, despojo interminable que no puede acostarse)
desenredando hogueras de silencio encendido
y partiendo con mis ojos las mariposas ultimas.
Este quehacer de antiguos corazones doblados,
esta otoñal manera de crecerse,
este no ser perito en nada
y para nada,
este viaje que viene de las hojas
a las hojas, es mi gran egoísmo,
pero es también tu nombre.
Porque el borde de la nube no está solo.
La caricia primera vive en él.
La mejor compañía: tu caricia.
Este es un tajo tuyo, Dios desnudo.
Mi desnudez, Señor, tu desnudez.


A Julián el desnudo



(16)

La luz filtrada por las nubes,
los árboles, el aire y otros cuerpos,
pero más aún filtrada por el pensamiento,
reconstruye el proyecto del día
y hace de la mañana un protocolo de recuerdos.
Hay muchas luces en la luz,
muchos días en el día
y muchas zonas en el cristal de cada uno.
Pero la clave es el tamiz, la sutileza combinatoria,
la inventiva del azar
para cernir las dosis de transparencia
y ajustar la estela de reflejos
que hacen de cada hora un tiempo único
en la supuestamente boba monotonía del tiempo.
La luz necesita siempre intermediarios,
como quizá todas las cosas.
Tal vez sea una clave de la realidad:
no hay mensajes directos.
Todo es mediación porque lo directo destruye.
¿Qué intercalar entonces entre la rosa y la luz,
entre la noche y el amor,
entre un hombre y la muerte,
entre la vida y esta mañana transmutada de recuerdos?
¿Qué poner entre lo que una cosa es
y aquello que no es,
para que pueda serlo?
¿Cómo tamizar la distancia
entre nosotros y la ausencia
para encontrar por fin nuestra presencia?



De Tríptico Vertical
(2)


La vida se revuelve como un niño loco
para soplarme el corazón.
Pero yo tengo un lugar en la tarde,
un lugar de vientos detenidos,
en donde todo estaría muerto
si no estuviera así.
La vida se ha caído como un hueso trasijado
para ahuecarme el corazón.
pero yo tengo un hueco sin padre ni madre,
de vidrio sin vidrio,
en donde los charcos se detienen como éxtasis
y todas las niñas del mundo
se enamorarían por primera vez.
La vida se ha comido las estrellas, desahuciadas y rotas,
y se ha clavado en microscopios
y se malsangra en carteles
para encorvarme el corazón.
Pero yo tengo un horizonte sin bocas
y un suavecer sin horizontes
y un deletreo de latidos
para morirme en corazón.


A Julián el corazonado



Roberto Juarroz nació en Coronel Dorrego, Provincia de Buenos Aires (Argentina), el 5 de octubre de 1925, y murió en Temperley, provincia de la capital argentina, el 31 de marzo de 1995. Graduado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, recibió de esa misma institución una beca y realizó estudios de perfeccionamiento en La Sorbona, en donde alcanzó más tarde el cargo de profesor titular.


Fue director del Departamento de Bibliotecología y Documentación de la mencionada facultad, en donde ejerció la docencia durante treinta años. Asimismo se desempeñó como bibliotecólogo para la UNESCO y la OEA en diversos países. De 1958 a 1965 dirigió la revista Poesía = Poesía y colaboró en numerosas publicaciones argentinas y extranjeras.


Fue crítico bibliográfico del diario La Gaceta (Tucumán, 1958-1963), crítico cinematográfico de la revista Esto Es (Buenos Aires, 1956-1958) y traductor de varios libros.En 1980 fue invitado a París para la presentación de la más importante versión francesa de su poesía, editada por Fayard. Participó en una larga serie de congresos internacionales de escritores. Desde junio de 1984 fue miembro de número de la Academia Argentina de Letras.

Recibió, entre otras distinciones, el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía (1984), el premio Esteban Echeverría que concede anualmente la Asociación Gente de Letras de Buenos Aires por la totalidad de una obra (1984), el premio Jean Malrieu de Marsella (1992) y el premio de la Bienal Internacional de Poesía (Lieja, Bélgica, 1992). Su obra ha merecido abundantes estudios críticos y ha sido vertida a una gran cantidad de lenguas.


"Poesía de una abrasada transparencia" —en palabras de Vicente Aleixandre—, la obra de Roberto Juarroz ha sido así descrita por Octavio Paz: "Cada poema de Roberto Juarroz es una sorprendente cristalización verbal: el lenguaje reducido a una gota de luz. Un gran poeta de instantes absolutos". Más tarde, al conocer el primer volumen de la Poesía vertical 1958-1982 (Emecé, Buenos Aires, 1993), Paz añadió: "Sorpresa y confirmación: no, no me equivoqué, no nos equivocamos los pocos que, en esos años, nos dimos cuenta de que oíamos una voz única en la poesía del siglo XX. Más que oír la voz, la vimos. Y vimos una claridad".


Antonio Porchia, el gran maestro italo-argentino autor de Voces, escribe: "Sin misterio, todo sería muy poco, tal vez nada. Y creador del misterio es el poeta, pero el poeta como Roberto Juarroz, uno de los mayores poetas de nuestro tiempo. Es difícil elogiar a quien merece más que elogios. En estos poemas cualquier palabra podría ser la última, hasta la primera. Y sin embargo, lo último sigue".

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Palabra enamorada




Son tan intensos los silencios
que me hablan

cuando te alejas

me parece que el sol
no es más que una sombra
en la sombra

y que la luna en pedazos
ha rodado tan lejos
que no puedo alcanzarla.







(Otro texto rescatado del baúl de los recuerdos)

domingo, 21 de septiembre de 2008

La primavera

Antonio Machado



Nada mejor al comenzar la bella estación que acompañarse de un no menos bello poema.





La primavera besaba


suavemente la arboleda,


y el verde nuevo brotaba


como una verde humareda.


Las nubes iban pasando


sobre el campo juvenil...


Yo vi en las hojas temblando


las frescas lluvias de abril.


Bajo ese almendro florido,


todo cargado de flor


—recordé—, yo he maldecido


mi juventud sin amor.


Hoy, en mitad de la vida,


me he parado a meditar...


¡Juventud nunca vivida,


quién te volviera a soñar!



Antonio Machado








viernes, 19 de septiembre de 2008

Maria Beatriz Ortíz y su perseverancia poética




María Beatriz Ortíz (Santiago - Chile) constituye un ejemplo de perseverancia y disciplina. Ha hecho de la poesía un camino viable para la comunicación de su mundo interior y de sus reservadas vicisitudes, logrando llevarnos, con un lenguaje cuidadosamente seleccionado, por los especiales pasajes de su experiencia y sus sentires.

Lu



ARDEN LOS PERROS

Esos hombres comen pedazos de otros y
habitan los socavones del miedo.
Sus poros destilan lava, odio, venganza;
adictos a la perversión
sueñan despiertos aquellos rituales
de la furia con método.
El zumbido de las esquirlas secuestra y escapa,
las bestias deben ser saciadas;
los malditos venden su poesía al mejor postor
por ver la sangre de los propios,
los míos.
Arden los perros,
la jauría tiene alas, tiene noche,
pesadas las garras;
las víctimas oyen despacio sus nombres repetirse
en la cinta del pavor.


LA TORTURA

Sus pasos amordazados en el piso sin ecos,
ven la mitad de los muros salpicados.
Una niebla vela las ventanas ciegas,
inasibles,
de esa prisión sin palabras y sin atmósfera.
La música fatídica de los transformadores
interroga las sospechas.
Vuela su mirada al mundo de afuera,
sus ojos obnubilados
atrapan figuras imprecisas,
el humor de un cielo descompuesto,
las copas desnudas
y tantas hojas que han dejado de ser;
atrapan la rumia amarga
de tantas madrugadas de insomnio
desaguando la memoria
y cosiendo a fuego lento la mortaja.
Él ya no distingue
ignora cuándo
cómo qué.
Pasan días
pasan años
jamás vuelve
luego, siglos.

OFRECE EL SOL RECIÉN AMASADO

Bailan mis pies sobre la tierra abrupta,
la vida se aposenta en esta tierra sustentada
del mismo germen que la funda.
La miro,
a sus espaldas el refugio andino
con su torrente de espuma herida,
se precipita
como un acantilado
en las constelaciones.
Abre su puerta al mundo y
ofrece el sol recién amasado,
el alborozo de las frutas,
los renglones de viñedos
con sus destellos hacia un cielo de pájaros,
que baja a beber su cántico de tinto.
Tierra pregonada por la gente
que goza y sufre su paisaje;
somos poesía cruzada por las fuerzas de la finitud
y el anhelo de un río sin fin.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Montepío Nacional


La premiación de Efraín Barquero -acaso el más inofensivo de los postulantes- dejó conforme al medio. Sin embargo, la nueva entrega del Nacional de Literatura volvió a delatar los vicios de un galardón que -cada vez más- huele a pensión para jubilados.



Hernán Díaz Arrieta, Alone, acuñó algunos consejos prácticos para los postulantes al Premio Nacional de Literatura. A saber:


  1. "El buen o mal estado de la fortuna, lo mismo que la salud o la enfermedad de un candidato, influyen de un modo poderoso en la apreciación de sus méritos intelectuales".
  2. "El valor, la honradez, una conducta intachable, cierta bondad general, inofensiva, amar ostensiblemente a su madre y haberse sacrificado por la libertad pública en alguna ocasión, constituyen elementos poderosos que no deben descuidarse".
  3. "Fatigados de ver cada año la misma lista de aspirantes, y en ella, invariablemente a uno más viejo y atrasado que todos, los árbitros se consideran comprometidos, casi culpables, y, para liberarse, le dan, por fin, el premio. "Conviene, pues, hacerse incluir temprano en la lista de candidaturas: la antigüedad, aquí, como en los puestos públicos, funciona".
  4. "No puede hacerse nada sin clan, sin grupo, sin escuela o círculo de simpatizantes, que recibirán , de reflejo, una parte de los beneficios. El que desee triunfar, en política como en literatura, debe empezar por eso: es el núcleo del huevo futuro".


Alone publicó estas notas en abril de 1946. O sea, hace más de 60 años. Pero siguen igual de vigentes. O más.

El Premio Nacional de Literatura (entregado el 26 de agosto) pareció conformar a todos. Después de meses de especulaciones, titulares de diarios, mails colectivos y campañas de recolección de firmas, el nombre de Efraín Barquero no generó polémicas. Los candidatos derrotados guardan sus armas y sus pancartas para la próxima. Las críticas al sistema, entonces, regresarán en dos años más. Pero tras esta aparente calma, queda al menos un puñado de lecciones.

El lobby

Las presiones al jurado -las invitaciones a comer, los llamados telefónicos- están desde los inicios del premio. Pero el sistema actual las institucionaliza: obliga a los candidatos o a sus amigos a recolectar firmas y montar verdaderas campañas políticas o de asistencia social. El mismo Barquero decía que no pensaba en el premio, pero en cada entrevista que dio antes de la entrega se lamentaba: "Chile me cerró las puertas", "en Chile no tenía ni previsión médica".

El sistema

Desde 1942 hasta 1972 los escritores chilenos no necesitaron postular al premio. Ni Pablo Neruda ni Manuel Rojas ni Nicanor Parra tuvieron que enviar currículo y, menos, llenar formularios de postulación. Bastaba con la autoridad de su obra. Pero a partir de 1974 la ley exige carta y CV dirigidos al ministro de turno. El que no entra al juego, no existe. La práctica- ha llevado a que los candidatos presenten auténticos dossiers, con todo tipo de referencias y críticas. Un jurado calificado no requiere que le presenten quienes son los autores que merecen el premio.

El jurado

Desde fines de la dictadura, el jurado lo integran el Ministro de Educación, el Rector de la Universidad de Chile, un representante del Consejo de Rectores, un miembro de la Academia Chilena de la Lengua y el último ganador. Es decir, un escritor neto entre los cinco miembros. Ello no sería problema si el ministro o los rectores -como solía ocurrir hasta los 60- delegaran en personas informadas: una asistente social-como la actual ministra, Mónica Jiménez-, un ingeniero -como el rector de la U- o un doctor en historia eclesiástica -como el rector de la Universidad Católica del Norte- no parecen los más idóneos para discernir el galardón. Es como dejar en manos de la Sech el Premio Nacional de Deportes. O pasarle el Premio de Arquitectura al sindicato de gásfiters. Más aún cuando los ministros no se toman la molestia de leer a los postulantes. Ocurrió en 2000: para fundamentar su voto por Raúl Zurita, la ministra Mariana Aylwin afirmó que el poeta lo merecía por haber "dictado talleres para jóvenes". Miguel Arteche, jurado disidente, montó en cólera y se negó a firmar el acta. Ello, en definitiva, se traduce en premiaciones oficialistas.

La institucionalidad

Cuando los premios quedan en manos de burócratas, tienden a caer en artistas oficialistas o inofensivos. Están los premiados de la era Pinochet para corroborarlo: Sady Zañartu, Aldunate Phillips, Rodolfo Oroz y Enrique Campos Menéndez. O más recientemente Volodia Teitelboim: un viudo del realismo socialista, premiado como un "gesto histórico" al PC. Barquero tampoco escapa: es un poeta con trayectoria, pero pasado de moda, el menos arriesgado de los candidatos. Un poeta bonachón, sin pólvora, comunista con alma campesina, que no genera discordia. Los burocratas pueden dormir tranquilos.

La bianualidad y los géneros

Chile es el único país que entrega su Premio Nacional cada dos años y lo alterna entre prosa y poesía. Ni el Cervantes ni el Nobel funcionan así. De esta forma, los postulantes de este año deberán esperar hasta las próximas olimpíadas, el 2012, para opta nuevamente, porque la próxima entrega les tocaría a los narradores. Con esta mecánica, el premio se vuelve una pensión para jubilados: aunque hubiera vivido 20 años más, Bolaño -el narrador más trascendente de la última década y nada cortesano- también habría quedado fuera.


Andrés Gómez Bravo- La Tercera Cultura








domingo, 14 de septiembre de 2008

Poética de Eduardo Díaz Espinoza



Eduardo Díaz junto a Gonzalo Rojas



SIN RUMBO

Quedo por el resto de la vida deshojando el azul violeta
de la araña delirante húmeda en aturdimientos y recuerdos.

Anudado a la hora furiosa que golpea mi cráneo y no deja dormir,
una dura bestia chupa los gruesos bordes de la polvorienta calle
por la que ese día transitamos y los vientos se iban de bruces
carcomiendo el duro mármol del instante.

Me quedo despierto bebiendo con mis metálicos ojos el océano,
un suspiro de sangre deshoja el momento del naufragio.


SERPENS

Ofidia, ofidia, nadan destellos dentro del que soy, tus ojos
alumbrando tinieblas, habitan mis socavones que
no tienen huellas dignas de mención, apenas líneas tormentosas.

Teñido de color oscuro era el reptil
incubado en las alforjas de la pena,
de lo todo, por oleadas arenas idas
van sepultándome de angustia,
y la máscara de la alegría, es arlequín desfigurándose
en los espejos de los días.

Turbulencia de la descontentadiza, sobrepasando recuerdos
y ternezas

ligera, alada, inocente soledad ardiendo bajo el sol
del medio día, dorada de hermosa apariencia,
atrapadora hasta el ahogo entre nostálgicas mallas metálicas
de silencio.

El enorme esqueleto de la serpens fabulata
enterrada de pétalos resecos
observa irónico,
lejos,
nosotros desterrados del paraíso.



DESCALZA

Crujen los nocturnos pasos de la seda,
tú cuerpo, una maravillosa danza
abiertas volanderas transparentes alas de azucenas.

Despiertan tus pasos éter y cielo, torrencial movimiento.

Mi Hurí da vueltas y vueltas sonidos,
cítaras, aires del Gobi o Samarcanda,
hermosa vientre de aguas plenas
caes en mi boca desesperada.

En los muros húmedos las amapolas de
tanto que nos decimos sin decirnos,
se han marchitado.

SIN PALABRAS

Silencio fue el que se ha guardado, y
vaga ramillete de malignas flores silvestres en mí,
encanto de colores y placer, aroma denso,
bestia furiosa,
hace polvo espeso y mudo las palabras.

Me rodeaste como agua de mar bella mía,
galopamos al cielo entre espumas
las hojas del infierno lanzaron su metal
y puñales de miedo.


COMO NO TE VI…

Lo que se encuentra en la superficie mimetizada,
consciente, pálido de ceguera, y mis respiraciones agobiantes,
sonaba la soledad en la red fría depositada en un fondo de lessonia
trabeculata, solo ví ese bosque de mar, y no sentí tus palabras.

Fue todo perfumado de yodos murmurantes que dan a mi alma
una luna de mágica mar turquesa que me silbaba con gestos y
una brea cascarosa cubre el dolor para no ser visto.

No me hallaste esta noche.


BESTIARIO

IV

El candil oscurecía los gritos
de la gárgola, el desierto había caminado
hasta agotarse, ninguna gota de agua
susurraba cántico alguno,
sólo las piedras hervían de sol
y hablaban mal de la luna.

¿Recuerdas cómo nos atrapó el sudor?

V

Sentimos las señales del desierto
en la sangre de los cactos que
reverdecen la roca, encienden de atacamita y
son los ojos de los dinosaurios enrojeciendo
los atardeceres en los copos
de arena, haciendo madrugar la tierra.

No estamos allí donde quedó la sombra
del viejo animal.

VI

La llama es una estrella errante que vaga
con su carga de lana y la historia Likan Antai,
cubre con la seda del polvo que pisan
sus delgadas patas, el color del medio día
cuando hasta el cielo ruega por una gota de agua.

¿Qué lugar es este amiga mía?

Aún no logramos descifrar el significado
de las notas de ese violín que ardió para nosotros
sus notas de arena y dunas.



Escritor, Eduardo Díaz Espinoza … un pedacito de su historia.

Poeta nacido en las tierras desérticas del norte de Chile (Antofagasta 15 de septiembre de 1937) ha dedicado su vida a la creación y la poesía. Ha publicado Los Mitos derrotados (poemas), Elegía al Chango López (poemas), Pequeña Guía Literaria: Aquelarre (alquelagarre), dice que morirá leyendo y escribiendo.

Poco dado a hablar de sus méritos, este prolífico maestro ha dedicado su vida a enseñar, sentir, descubrir y desarrollar la poesía a innumerables discípulos. Incansable en su creación, certero en sus imágenes, su verso ha hecho escuela, sembrando la semilla poética en sus múltiples talleres literarios.
-
Maestro y amigo, gracias por la poesía y feliz cumpleaños!